domingo, 29 de diciembre de 2024

Manual de desencanto para una vida digna 13.


 Manual de desencanto para una vida digna 13. 


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


      Precepto.

    Es importante transformar el impulso vital de la acción, hacia el deseo superior por la idea. Que el impulso, el deseo y la idea sean la unidad trascendental de la existencia. 


     Hay tres elementos importantes de la existencia, que son: el impulso, el deseo y la acción. El impulso se transforma en deseo, y el deseo en acción. El problema es cuando estos no hacen posible una evolución integral de la consciencia del individuo. ¿Por qué? ¿De qué forma el impulso, el deseo y la acción no permiten la evolución? La respuesta es que el impulso, el deseo y la acción deben enfocarse y proyectarse hacia la creación de la idea o de la consciencia ideal de la existencia. 

    En el impulso hay una fuerza que está muy relacionada con la garantía de la supervivencia del individuo y de la especie. Aquello que impulsa quiere que la existencia persista. Pero esto no garantiza la evolución, porque evolucionar no quiere decir “persistir” sino transformar. ¿Transformar qué? Las condiciones de la existencia misma. Es por esto que el impulso debe transformarse hacia el deseo de la transformación. 

   El deseo también es una fuerza que mueve la existencia del individuo. La pregunta es: ¿hacia dónde mueve el deseo? ¿todo deseo implica una evolución de las condiciones existenciales del individuo? ¿todo deseo es un “deseo de lo mejor”? Ese es el punto, que no todo deseo implica un anhelo de mejoramiento. Hay un gran margen de la fuerza deseante que también redunda con la supervivencia de la existencia. Por eso es necesaria una transformación de la fuerza deseante, de modo que se pueda desear una transformación hacia lo mejor. 

     El impulso hay que transformarlo hacia el deseo de lo mejor. ¿Qué es lo mejor? Lo que hace posible el despliegue integral de las fuerzas del individuo, y lo que permite la creación de nuevas fuerzas superiores. 

    Esa es la importancia de la acción: la acción fundamental de la existencia es la transformación integral de la existencia. Pero para que esto sea posible, se requiere primero la transformación del deseo mencionada. El “deseo de lo mejor” impulsa e inspira una acción transformadora. Hasta que esto no acontezca, las acciones van a carecer de la fuerza vital que se requiere para la dignificación de la existencia y de la consciencia correspondiente. 

    ¿Qué es una acción superior? Es el impulso deseante hacia el anhelo de una transformación integral de la existencia. 

    Pero lo anterior sólo es posible si se logra la creación de la idea. ¿Qué es una idea? ¿qué es el anhelo por lo ideal? Lo primero que se debe afirmar es que la idea sólo es posible como el ejercicio de creación de una consciencia. Una idea implica y requiere esas tres características: un ejercicio interno, una acción creadora y la apertura de una consciencia. 

     Un ejercicio interno es un proceso mediante el cual es posible un conocimiento de sí del individuo. Un ejercicio es una ascesis y una potenciación: una ascesis porque ejercitarse es eliminar de sí todo lo extraño y lo que se impone desde un poder exterior; y una potenciación porque el ejercicio sobre sí mismo permite tomar distancia de todo lo que no permite una afirmación de la individualidad. Pero la concepción de “ejercicio” también implica la afirmación del juego absoluto de la existencia. 

     Sólo desde el ejercicio como una afirmación existencial es posible el despliegue de una acción creadora. Crear es hacer posible la emergencia de lo nuevo y de lo impensable. Crear es hacer posible lo imposible y lo inaudito. Pero la creación de lo nuevo no quiere decir la creación de lo diverso, sino de lo diferente y lo superior. La existencia se potencia cuando se crean nuevas y superiores formas de la consciencia. 

    La ejercitación interna y el despliegue de la potencia creadora permiten la apertura de nuevas y diferentes formas de la consciencia. ¿Consciencia de qué? De sí mismo, de los otros y de la posibilidad de la creación de nuevos niveles de lo real. 

Lo anterior (ejercicio de sí, creación y consciencia) permite la emergencia de la idea o del anhelo de lo ideal. Entonces ahora sí: ¿qué es la idea? Es la consciencia de sí y de la totalidad como posibilidad infinita de creación de una existencia superior. La idea hace posible la creación de una existencia digna. 

    Una idea tiene, además, estas características: es universal, necesaria y constante. Universal por la consciencia del todo, necesaria porque afirma la transformación como lo que apertura hacia lo nuevo y lo diferente, y constante porque las ideas también evolucionan, siempre se requieren nuevas y mejores ideas que potencien el devenir existencial del individuo.     

    De esta forma se puede lograr la unidad del impulso, el deseo y la acción, en tanto estos puedan crear el anhelo de lo ideal, que, a su vez, permite un ejercicio interno desde el que se crea una conciencia de la totalidad. La idea es una poética de lo superior. 


     Práctica de desencanto:

    Aprender el arte de tomar distancia de todo lo que no inspire y no haga posible el anhelo superior por lo ideal, como verbi gratia el espectáculo de bajo nivel que se impone en el mundo contemporáneo.


     Práctica de dignificación:

   Asumir la existencia como un proceso continuo e infinito de creación de lo superior, desde la afirmación de la idea. 


¡Íncipit!  




domingo, 22 de diciembre de 2024

Manual de desencanto para una vida digna 12.


 Manual de desencanto para una vida digna 12. 


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


     Precepto:

    Hay que arriesgarlo todo para diseñar y crear una existencia superior, en la que pueda desplegarse una consciencia infinita. La existencia y lo superior deben volverse sinónimos. 


    Es una gran suerte y una especial gracia poder comprender que la existencia no tiene ningún sentido determinado, porque es a partir de ahí que se puede iniciar un riguroso proceso de creación de sentido. Pero no se trata de crearle cualquier sentido, sino de crearle un sentido superior. 

  En el mundo contemporáneo no hay condiciones adecuadas para una comprensión y una vivencia de lo superior. Lo anterior se fundamenta en lo siguiente: las subjetividades se enfocan en una facticidad de lo inmediato y evidente. Sólo se asimila, se asume y se comprende desde una consciencia de sí auto-complaciente. La atención se dirige hacia la construcción de una percepción sin intensidad.   

    ¿Es preferible cualquier sentido a ningún sentido? La verdad es que no, la verdad es que hay que arriesgarlo todo para poder crearle un sentido diferente y superior a la existencia. El problema es que no es posible vivir sin sentido, entonces la mayoría de los individuos deben asumir el sentido que se les impone. Pero eso no quiere decir que eso sea mejor a no tener ningún sentido, todo lo contrario: es preferible destruir todos los sentidos establecidos, asumir el caos que implica la nada y empezar un proceso integral y radical de la creación de un sentido superior. 

    ¿Es posible destruir todo un sistema de sentido, a partir del cual se ha sostenido y fundamentado la existencia de un individuo? Tal vez sólo se puedan crear fisuras fundamentales; pero lo importante es intentarlo. Incluso, estamos llegando a un momento en el que se lo debe intentar y arriesgarlo todo. Es decir, que el riesgo no debe ser un lujo o una posibilidad entre otras, sino que debe ser la única posibilidad mediante la cual se afirme la dignidad. 

   Hay que intentar seriamente destruirlo todo, aunque sea imposible. Por eso mismo hay que hacerlo, porque es imposible, porque destruir lo destruible no tiene mérito, así como no lo tiene crear lo que ya existe. Si se trata de destruir algo, que sea de destruir lo indestructible. 

    La individualidad es la afirmación de una consciencia de sí nueva y diferente. El sentido de sí debe ser único e irrepetible. La existencia debe ser una poética de lo superior. 

    Cuando se logra tomar consciencia del principio fundamental de la individualidad, inicia el despliegue y expresión de unas fuerzas nuevas y originales, a partir de las que se afirma la evolución infinita de la existencia. 

  Una de las mejores formas de dignificar la existencia, está en asumir esa posibilidad de una evolución infinita. Es verdad que la muerte es una realidad, pero tan sólo como la necesidad implícita de una transformación radical. Morir es empezar de nuevo. Pero más allá de esa situación contingente, la “idea” de una evolución infinita de la consciencia de sí del individuo tiene la capacidad de potenciar y dignificar la existencia misma. Esa es la función de las ideas: desplegar y elevar las energías a nuevos niveles de lo real. Una idea abre horizontes insospechados.  

   Por eso de lo que se trata es de asumir la existencia desde esa consciencia de una potencia infinita de evolución. Si nada tiene sentido es porque todo puede ser posible, y si todo puede ser posible, es porque se puede crear lo superior, o mejor aún: se puede asumir la existencia como el esfuerzo y el sacrificio por la creación de un sentido de sí superior. Existir quiere decir crear sentido a la existencia misma. La acción de existir es creadora en sí misma. Todo lo que existe está creando un sentido de su existencia misma. 

    Hay un punto de tensión e intensidad en el que nos enfrentamos continuamente con la posibilidad de una angustia, ante el hecho inminente de tener que destruirlo todo, para poder crearlo todo de nuevo. Pero esa angustia es potenciadora y liberadora, porque nos ubica ante la necesidad de asumir la existencia como un proceso de creación infinito. La idea de que la creación debe ser infinita, para que sea una auténtica creación, dignifica la existencia del individuo. La dignidad no se otorga, sino que se logra en el despliegue infinito de la potencia creadora. 

     Existir es la actualización continua de la potencia individual de creación. 

     La belleza es el resplandor de la fuerza cuando se eleva. 


     Práctica de desencanto.

    Comprender que todos los sentidos son procesos de creación, que ha logrado esa determinación en el proceso mismo y debido a una necesidad vital, pero que se deben destruir para la emergencia de nuevos y superiores sentidos.


     Práctica de dignificación.

   No permitir que ningún sentido se instale en la consciencia individual como si fuera una verdad absoluta. Ningún sentido, incluso si tiene la forma de lo más sagrado y de lo más verdadero. Todo puede ser destruido o se lo puede someter a una prueba de destrucción, en la que se comprenda que todo puede tener un sentido nuevo y superior. 


¡Íncipit!     




miércoles, 11 de diciembre de 2024

Manual de desencanto para una vida digna 11.

 

Manual de desencanto para una vida digna 11.


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


      Precepto.

   Para potenciar la existencia, es necesario asumir y tener claro al menos dos nociones: que hay que aprender a cultivar la soledad interna como lo único importante, y que en el mundo contemporáneo es cada vez más difícil y casi imposible esa soledad. 


    La soledad es un instante de plenitud, en el que se comprende que todo puede ser posible. Es una plenitud en la que se intuye que hay en nuestro interno un principio fundamental de indestructibilidad. Si todo puede ser posible es porque nada nos puede destruir. 

   Pero desde la filosofía de Spinoza, lo anterior sólo es posible afirmarlo de la “substancia”. Lo substancial consiste en comprender que en todo lo que existe hay, de forma latente e inmanente, un principio de creación autosostenible e infinito. Por eso la substancia es una, porque es todo.

    Es importante dejarlo claro: ese principio está presente en todo lo que existe. La filosofía de Spinoza no puede permitir pensar que cada “modo” es una singularidad.        

    Por supuesto que Spinoza distingue entre “substancia” y “modo”, en tanto que el modo es una expresión única e irrepetible de la substancia universal. Pero también deja claro que cada modo es él mismo substancial, sólo que de un modo diferente. 

     Cada ser singular es una totalidad universal, expresada diferencialmente. 

    Lo anterior solo se puede asumir y comprender en un estado de plenitud interna, que es como comprendemos a la soledad. La soledad no consiste en no estar con nadie, ni en no establecer vínculos. La soledad consiste en tomar consciencia intuitiva de la singularidad que somos. Digámoslo claramente: la soledad consiste en comprender que somos únicos, diferentes e irrepetibles. Lo fundamental es que solo desde esa soledad es que podemos establecer vínculos intensos, profundos y significativos con los otros.      

    El principio infinito de indestructibilidad opera en dos sentidos: es una consciencia interna, pero también es un principio de acción, a partir del cual se construye la individualidad y se despliegan niveles transformadores de lo real. No es un principio simbólico o alegórico; es el fundamento de lo real, o lo que puede desplegar la energía implícita de lo real. 

   Heidegger lo comprendió, pero no lo llevó hasta sus posibilidades superiores. ¿Por qué? Primero porque afirma que el ser-ahí es quien tiene la facultad especial de asumir y desatar las energías latentes de lo real, y crearla como realidad. Pero segundo porque asumió el Übermensch nietzscheano como una simple alegoría de la voluntad de poder, cuando éste consiste en el despliegue superior de esas energías. 

   Es necesaria una poética de lo superior, como la que plantea Sloterdijk, que consiste en la afirmación de la individualidad como una posibilidad continua de creación y mejoramiento. Crear consiste en hacer emerger lo nuevo y lo mejor. Para Sloterdijk el individuo es la posibilidad de una antropotécnica de sí, es decir: de una creación de sí como un ejercicio existencial. ¿Hacia dónde se eleva lo superior? Hacia los niveles de lo real que puede crear. 

    Por esto la soledad interna potencia la existencia: porque eleva las energías. La soledad es una consciencia interna, que hace posible una existencia superior. 

   Pero, ¿por qué en el mundo contemporáneo es casi imposible asumir una soledad interna como principio vital? La respuesta es que la atención de los individuos está cada vez más controlada, en tanto que se la direcciona hacia la asimilación de información de baja calidad. Los individuos no están distraídos, sino que están hiper-enfocados en un sistema de realidad fundamentado en la banalización. Lo que Guattari denomina las “creaciones de las subjetividades”, se ha direccionado hacia la determinación de un individuo histórico que no puede comprender el principio de singularidad interno, a partir del cual podría ser posible una evolución infinita.  

  La soledad fundamental, entendida como una plenitud interna, requiere el despliegue de una atención superior. La comprensión de principios fundamentales de la existencia, requiere el despliegue de una energía potente. La soledad es un ejercicio de despliegue y aumento de una potencia indestructible. ¿Por qué indestructible? Porque se sustenta en sí misma, ´porque es causa de sí. Lo indestructible es aquello que se puede crear y renovar integralmente de forma continua. La soledad es la potencia dinámica de la singularidad individual. 

   ¿Qué hacer cuándo la soledad es lo único importante, pero cada día es lo más difícil e imposible? Asumir la existencia como un consciente: devenir extraño. El extrañamiento es la afirmación de lo “anómalo”, de lo que se niega a asumir toda determinación de sentido como definitiva, lo que no asume prototipos, lo que se desvía hacia lo nuevo.   


    Práctica de desencanto.

  Enfocar la atención en aquello que se considera y asume como un principio superior, de una forma que todo lo demás deje de importar. Aunque sea sólo por un instante. 


   Práctica de dignificación.

  Actuar, sentir y pensar desde la consciencia de una plenitud interior. Hacerlo como si esa plenitud fuera absoluta, aunque no lo sea. En esto consiste el sentido de la dignidad de la existencia.   


¡Íncipit! 




Manual de desencanto para una vida digna 10.


 Manual de desencanto para una vida digna 10.


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


    Precepto:

   Es fundamental intentar, sin descanso, una transformación del sistema integral de la consciencia, para poder acceder a una consciencia superior. 


   Lo importante es intentarlo, aunque no se lo logre. Pero intentarlo, y sin descanso. Tal vez en eso consista la dignidad de lo humano: en comprender que todo lo que existe puede ser diferente y mejor. 

   ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo transformar algo de lo que aún no se sabe qué es, y de lo que tampoco se sabe su proceso de formación y emergencia? Comprender qué es la consciencia, y cuáles son sus posibilidades, es uno de los temas importantes de la filosofía del porvenir. Pero lo anterior no puede ser un impedimento para el intento de una transformación integral de la misma, porque una característica esencial de la consciencia es que sólo comprende aquello que transforma.

   No se comprende un objeto ya dado y definido, sino que se comprende el objeto que se construye en la comprensión. No es una crítica de la consciencia pura, sino una creación de la consciencia en la comprensión. Lo que queremos decir es que tomar consciencia de algo implica darle forma y sentido a ese algo. Consciencia es transformación y creación integral. 

   De hecho, los avances disruptivos en los desarrollos de inteligencia artificial, se están enfocando hacia la posibilidad de una re-construcción digital del proceso evolutivo de la emergencia de la consciencia. Una reconstrucción probable, pero algorítmica, lo que quiere decir que se va a desplegar una simulación superior de lo que hizo posible la consciencia, para, a partir de ahí, diseñar una transformación evolutiva de la consciencia misma. Pero lo complejo está en que esa posible consciencia superior, consistirá en la emergencia disruptiva de una superinteligencia artificial.   

   ¿Esa superinteligencia determinará la línea evolutiva de la consciencia humana, y de toda posibilidad de consciencia? Es decir: si se puede crear una superinteligencia artificial, a partir de esa re-construcción evolutiva, ¿esta puede diseñar, definir y establecer la transformación de todas las consciencias? Es muy posible, pero ¿será una evolución instrumental, que cumpla los parámetros de intereses particulares y privados? Esto no sólo es probable, sino también obvio. 

   Lo anterior es muy importante, porque la inteligencia artificial está siendo utilizada como una nueva y más eficiente forma de dominación del individuo, en tanto puede condicionarlo pre-reflexivamente en el diseño identitario de sus proyectos existenciales. ¿Cuál es la importancia? Que para condicionar se debe tener un certero conocimiento de lo condicionante. Para decirlo de forma clara: el individuo se puede condicionar y, a partir de ahí, ejercer una dominación, porque se comprende que la consciencia de sí se puede determinar desde un impacto de significación del inconsciente. Es lo más avanzado en los estudios sobre la individualidad.

  La inteligencia artificial puede simular una evolución de la consciencia, pero también puede, a partir de ahí, condicionar a la consciencia misma.    

Pero no es de esa transformación integral de la consciencia (determinada por la inteligencia artificial) sobre la que queremos reflexionar. Lo que queremos es pensar el intento radical de transformar la consciencia, de modo que haga posible la creación de una nueva individualidad.

   ¿Cómo puede ser posible pensar en un nuevo individuo? Esto es posible en el intento de transformación total e integral de toda determinación de sentido. 

   Es la única forma de revolución posible en el mundo contemporáneo: una transformación total y radical. La creación de sí, en una consciencia nueva y superior, es una revolución que se hace desde la afirmación de un desencanto fundamental. 

  Por supuesto, destruir y transgredir todo el sistema de sentido de consciencia (en el que se incluye al inconsciente o a la consciencia del inconsciente), implica asumir la experiencia del caos y la angustia. 

   Lo más valioso de los individuos contemporáneos es que puedan comprender y asumir el caos y la angustia que implica el desencanto ante todo lo que existe, porque a partir de ahí se puede iniciar un proceso de creación superior. ¿Es el desencanto una forma de vacío, desde el que es posible la creación de nuevos e infinitos niveles de la consciencia? 

    Pensar consiste en pensar lo imposible. 


   Práctica de desencanto:

 Por un instante arriesgarse a perder toda certeza, toda seguridad y todo conocimiento. Perderlo todo, empezando por la propia consciencia del Yo. Dejar por un instante que todo sea absurdo y que todo sea posible. 


   Práctica de dignificación:

  No permitir de nada ni de nadie la pretensión de imponer una determinación de sentido. De nada ni de nadie. Ni una opinión, ni una experiencia, ni una idea. La verdad nunca se impone; la verdad fluye.


   ¡Íncipit!



Manual de desencanto para una vida digna 9.

 

Manual de desencanto para una vida digna 9.


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


     Precepto:

    Es urgente comprender que existe en nosotros una fuerza indestructible, a partir de la cual es posible crear una consciencia de sí superior. 


Hay que decirlo de forma clara y radical: el término “religión” en su concepción original quiere decir “unir aquello que está separado”, pero las religiones establecidas hacen todo lo contrario “des-unen” y “des-ligan” cada vez más.

Pero, ¿qué es aquello que debería unir la religión? ¿qué es aquello que está separado? Lo que se debe unir es al ser humano con la divinidad. Todo aquello que haga posible que un individuo se vuelva a unir con la divinidad o con Dios, debe considerarse como religioso. No importa lo que sea: un encuentro afectivo con el otro, un vínculo íntimo con la naturaleza. Todo lo que permita y haga posible esa unidad e integración es “religión”. 

El problema es que los individuos contemporáneos están cada vez más “des-unidos” de lo divino y, en especial, de sí mismos. 

¿Puede establecerse una diferencia entre religión y espiritualidad? Tal vez la diferencia sea que la religión es la unión con lo divino, mientras que la espiritualidad es la unión con lo divino que está en nosotros mismos. Pero, ¿y acaso dónde más está la divinidad, sino en nosotros mismos? La religión es lo que hace posible la unidad, la espiritualidad el efecto vital de esa unidad. 

Pero no nos enredemos, debemos ser claros y enfáticos ante todo. Lo importante es la unidad fundamental con la divinidad. 

El largo rodeo anterior, era sólo para poder plantear que las religiones han sido siempre el obstáculo para esa unión fundamental con la divinidad. Y no sólo lo han obstaculizado, sino que lo han considerado imposible y absurdo. ¿Por qué? Porque las religiones institucionales consideran que lo que el ser humano debe hacer es someterse a Dios y cumplir con su Voluntad, pero ninguna religión afirma que el ser humano pueda unirse con y despertar la divinidad o el Dios que hay en él mismo. Todos somos Dios, Dios está en nosotros. El problema es que las religiones se han encargado sistemáticamente de negar esta realidad. 

Pero lo cierto es que en todos los individuos hay una fuerza indestructible e infinita, que se encuentra dormida y latente, pero que puede “despertarse”, expresarse y elevarse. Todos somos Dios o, como afirman los místicos, Yo soy Él. 

Tal vez se trate de eso: de destruir todo el proceso de formación histórica de la consciencia humana, para empezar un nuevo proceso de creación de una nueva consciencia, en la que el individuo comprenda la fuerza implícita e inmanente que está en él.  


***

Pero debemos ser justos: con la denominada tradición de pensamiento filosófico occidental pasa lo mismo. La filosofía pasó de ser la guardiana del Absoluto, a ser la triste enunciadora del sinsentido. 

Lo que se ha denominado como: “superación de la metafísica”, es en realidad una banalización de la metafísica. Se lo banaliza para pretender superarlo. Pero, ¿cómo superar lo que no se comprende? La banalización es un ejercicio de poder epistémico, en el que un concepto superior se pretende superar con uno inferior. 

¿Cómo puede ser posible que la trivial afirmación nietzscheana de “Dios ha muerto” pretenda ser una superación de la profunda y rigurosa concepción spinozista de “Substancia”? 

Si me lo permiten, la concepción de Substancia debe superarse con una concepción mejor, como, por ejemplo, la afirmación que estamos intentando hacer: que en nosotros existe una fuerza indestructible e infinita que podemos y necesitamos urgentemente desplegar. 

No me vengan a decir que el triste “análisis de proposiciones” de la filosofía contemporánea, es superior al planteamiento de la dialéctica de la consciencia hegeliana, en la que se afirma que el momento de la Razón es aquel en el que se inaugura la Historia y se crea lo Real (lo que Deleuze llamaba como “empirismo trascendental”, aunque refiriéndose a Kant). 

La filosofía debe recuperar su función trascendental, que es la de crear conceptos superiores, a partir de los cuales el individuo puede hacer un ejercicio de creación de sí. Pero no cualquier creación, sino una creación superior. La filosofía debe dar los fundamentos conceptuales, para que el individuo pueda crearse a sí, en formas cada vez nuevas, diferentes y mejores. 

La filosofía debe hacerle comprender al individuo que él es una posibilidad infinita de creación.    


¡Íncipit!



Manual de desencanto para una vida digna 8.

 

Manual de desencanto para una vida digna 8.


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


     Precepto:

    Debemos esforzarnos sin descanso en cultivar nuestra dignidad, que consiste en la consciencia de que somos únicos, diferentes e irrepetibles. 


    En el mundo contemporáneo se promueve la diversidad, pero en tanto esta haga posible la afirmación de procesos económicos globales. Lo curioso de este llamado constante a la diversidad, es que esconde un gradual y seguro proceso de control sobre las individualidades. 

   ¿Pero cómo puede ser posible esto? El asunto es que lo múltiple, diverso y diferente hacen posible un aumento en los procesos de producción y consumo. ¿De qué forma? Si a todos los individuos les gustara lo mismo, sintieran lo mismo y pensaran lo mismo (o bueno, más o menos lo mismo), la pregunta es: ¿qué se les podría vender? La respuesta es obvia: se les podría vender más o menos lo mismo. 

    Por eso, la promoción de la diversidad, implica la posibilidad absoluta del aumento del consumo. 

   Pero quiero insistir en este punto: eso es hacia afuera, hacia adentro hay un riguroso proceso de control, que consiste en lo que podemos llamar el establecimiento de una consciencia idéntica. 

    Aquí podemos encontrar un punto importante: de lo que se trataría es de que el individuo impida que se le adhiera su consciencia a esa consciencia idéntica, y de que pueda iniciar un transgresor proceso de creación de una consciencia de sí. 

   Si lo anterior acontece, podemos afirmar con claridad que esa consciencia es única, diferente e irrepetible. 

   Pero la verdad es que lo anterior es muy difícil. No solo porque el proceso de control sobre el individuo es algorítmico (es decir: se controla al individuo desde dispositivos de inteligencia artificial muy avanzados, ante los que es muy poco lo que se puede hacer), sino porque realmente todavía no hay Individuos (pongámoslo así con “I” mayúscula). Lo que hay son individuos en potencia, ¿qué quiere decir esto? Que la individualidad es una posibilidad que se debe crear. 

    Pero también hay que dejar muy claro que esa posibilidad de la individualidad, no es una utopía. Dijimos que era muy difícil, pero no es imposible. Habría que hacer un riguroso estudio de todos los proyectos de individualidad, que hasta ahora se han planteado, para tener alguna claridad sobre lo que los fundamenta ¿Será un anhelo de perfección, sustentado en una profunda vulnerabilidad?  

    Por ahora, lo que podemos decir con Judith Butler, es que es posible y necesario un paso del sujeto al individuo. 

    ¿Cuáles serían las características de esa individualidad, para que no se convierta en un nuevo fascismo? Queremos plantear sólo una: la dignidad.

    Comprendemos la dignidad como la conciencia absoluta que tiene el individuo, que él es único, diferente e irrepetible. Pero esta dignidad no sólo hay que comprenderla, sino que hay que cultivarla con una fuerza de rebeldía y transgresión.

   La dignidad va unida a la potencia infinita de creación de la existencia. Si pudiéramos definir: ¿qué es la existencia? Diríamos eso: potencia infinita de creación. 

     Pero, ¿por qué? Con Spinoza comprendemos que lo infinito es lo que no tiene un inicio y no tendrá un final, y que es aquello que puede autorrenovarse siempre. Lo anterior quiere decir, que no es posible la expresión que dos “modos de la existencia” sean idénticos. Todo lo que la existencia expresa tiene las tres características mencionadas. En eso consiste su dignidad.

    Por eso, cuando se imponen identidades y proyectos de vida, desde el precepto de la diversidad, se está haciendo un acto de aniquilación de la dignidad del individuo.  

    Pero, ¿afirmar la dignidad, en estos tiempos de mísera uniformidad? Debemos realizar el esfuerzo superior de dignificar la potencia infinita de la existencia. Y que pase lo que tenga que pasar, que lo estaremos esperando.


¡Íncipit!




Manual de desencanto para una vida digna 7.


 Manual de desencanto para una vida digna 7.


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


     Precepto:

    Para una auténtica transformación de sí y de lo real, es necesario ingresar en un estado de quietud interna.


    Es importante afirmar y dejar claro que una de las características fundamentales del ser humano es la posibilidad que tiene de una transformación total, integral y radical de sí mismo y de lo real. 

    Algunas posturas biológicas contemporáneas, afirman un determinismo humano que consiste en evidenciar que toda función tiene una explicación y un correlato en una característica biológica. Desde esta perspectiva, pensar en la posibilidad del libre albedrío y de la autonomía sería imposible. Desde lo más básico como las respuestas instintivas, hasta lo más complejo como las ideas, se explicarían desde unos condicionamientos biológicos inevitables. 

   Ante lo anterior, podemos invocar una parte fundamental y poco estudiada del pensamiento de Judith Butler, y es que el cuerpo es también una creación y determinación de sentido. Butler toma esta concepción del también poco estudiado y menos comprendido Antonin Artaud, para quien el cuerpo era un despliegue escénico de fuerzas. Para Artaud el cuerpo hay que crearlo, de la misma forma en que se diseña y despliega un escenario. 

  Claro que Butler le da otro sentido al concepto artaudniano de “cuerpo sin órganos”, en tanto comprende que la corporalidad se construye dentro de un sistema significante. El punto complejo es cuando ese sistema significante determina e impone un sentido del cuerpo como definitivo. 

    Esto es lo que pasa con el determinismo biológico, que asume como definitivo un sentido del cuerpo que fue creado dentro de un proceso social y de poder. 

    Un ejemplo claro de lo anterior, lo presenta Merleau Ponty con su concepción de “miembro fantasma”. ¿Por qué a alguien que se le amputó una parte del cuerpo, todavía lo sigue sintiendo? La respuesta es que se le amputó la parte, pero el sistema significante de la corporalidad sigue igual, por lo que la puede seguir sintiendo. El cuerpo es una construcción de sentido. 

     

     ***

    Pero todo este rodeo sobre el cuerpo, era para sustentar que el individuo tiene la posibilidad de transformarse a sí mismo de forma absoluta. Por eso decir que el individuo puede empezar de nuevo de forma total y, a partir de ahí, crearse a sí mismo no es sólo un juego del lenguaje, sino que es lo que constituye la esencia del individuo. 

   Entonces, la pregunta debe ser: ¿cómo hacer posible esa transformación? Nuestra respuesta es: ingresando en un estado de quietud interna.

    ¿Qué es una quietud interna?

  El filósofo Chul Han hace una defensa de la inactividad, porque esta no es contraria a la actividad, sino que la potencia. Para poder hacer algo bien hecho y de un modo superior, es necesario estar en un instante de inactividad. ¿Qué es la inactividad? Es un estado de relajación espiritual profunda, en el que el individuo puede desconectarse de todo aquello que no es fundamental para su existencia. Lo anterior quiere decir que la inactividad es una transformación de la consciencia.

    Lo importante de la inactividad es que, cuando el individuo toma consciencia de lo fundamental, se inicia una transformación integral de las acciones, que se puede comprender en el precepto: “Has sólo aquello que potencie y dignifique tu existencia”.

   La inactividad como relajación espiritual permite una quietud interna. La diferencia es que la inactividad es una desconexión, mientras que la quietud es una conexión consigo mismo. Se trata de llegar a un punto en el que todo el sistema de sentido que se ha asumido se libera. Es un punto cero de la significación. La quietud interna es una conexión con aquello que no tiene sentido o con un vacío esencial, desde el que se puede iniciar un nuevo proceso de creación del sentido. 

  La quietud interna es una experiencia de aniquilación del sentido, para que un nuevo y superior sentido sea posible. ¿Cómo saber que ese nuevo sentido es superior? Porque lo nuevo no es lo diverso, sino la emergencia de otro modo de lo real. La transformación de sí implica la transformación de todo.   

   Pero, ¿cómo desconectarnos de la información digital, que cada vez es más eficaz, silenciosa e invisible?


¡Íncipit! 



Manual de desencanto para una vida digna 6.


 Manual de desencanto para una vida digna 6.


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


       Para mi Padre.


       Precepto: 

     Es importante aprender a mirar desde lo alto, como un ejercicio de potenciación de la existencia. 


     “Mirar desde lo alto” debe ser asumido como un ejercicio de potenciación de la existencia. Lo anterior es muy importante tenerlo claro desde el inicio, porque no se trata de una acción de denigración de los otros. Mirar desde lo alto es un ejercicio, porque es algo que el individuo realiza de modo consciente, para poder diferenciar entre aquello que lo puede potenciar y lo que lo podría despotenciar. Mirar desde lo alto es una acción de aumento de potencia de la existencia del individuo, en la que éste se conecta con su consciencia interna. 

     ¿Cómo comprender esa consciencia interna del individuo? En primer lugar, es la afirmación de la totalidad en el instante. No es la afirmación del instante en sí mismo, sino de la totalidad de la que se tiene consciencia en un instante. Lo cual hace de ese instante algo “excepcional”. 

    Todo lo contrario a lo que se promueve en la actual sociedad del espectáculo: en esta el instante está desposeído de la unidad excepcional, de la consciencia de la totalidad. En el instante del espectáculo se trivializa y banaliza la existencia, porque se pierde la consciencia de la importancia de lo fundamental. 

    El instante excepcional que hace posible el ejercicio de “mirar desde lo alto”, es una consciencia interna de la unión con la totalidad. Es un instante de asombro superior. Es por esto que Goethe puede afirmar: “Mi alma se eleva más arriba de sí misma y sobre por de todo, y aspira hacia el más cercano cielo”.  

    La mirada desde lo alto implica una amplitud de la percepción, que favorece y potencia las condiciones de la existencia. Esto lo plantea el budismo y el estoicismo: ante un problema o una dificultad en la existencia del individuo, una mirada amplia permite no sólo una serenidad en el alma, sino también vislumbrar opciones para solucionarlos. 

    Las crisis de angustia, ansiedad y depresión de los individuos contemporáneos están muy vinculados con procesos de fragmentación de la percepción y enfoque de la misma hacia la hiper-estimulación del espectáculo. 

     Pierre Hadot afirma algo fundamental, y es que en la antigüedad se construían los templos o los lugares sagrados en las más altas montañas. El impacto psíquico sobre el individuo era profundo: subir a las más altas cimas se constituía en un símbolo de elevación espiritual. Subir poco a poco y paso a paso la montaña, hasta llegar a la cumbre, despertaba en los antiguos la conciencia interna de lo sagrado. 

    Con Lucrecio podemos decir que subir a las más altas montañas, es ir “tras las huellas del rayo”. 

   Lo anterior nos ubica frente a otra característica importante que constituye la “mirada desde lo alto”, y es que sólo desde las altas cumbres es donde nace el deseo del vuelo. Mirar desde lo alto no es mirar hacia abajo, como lo plantearía poéticamente Nietzsche, sino que es la posibilidad de despertar el anhelo imposible del vuelo. Pero, si el vuelo nos ha sido negado, ¿cuál es el significado simbólico del anhelo de volar? Es la consciencia del proceso infinito. 

    Cuando el individuo toma consciencia que todo lo que existe es un proceso de elevación infinito, su existencia se potencia. Spinoza afirma que la mejor y máxima forma de potencia está en la idea de Substancia, en tanto que esta se asume como aquello que “se expresa infinitamente de infinitos modos”. ¿Por qué esta idea es potenciadora? Porque el individuo comprende que no hay límite, y que todo se puede crear. Que lo imposible no existe, sino que aún no se lo ha creado. 

    El vuelo es la consciencia de lo superior. ¿Esto quiere decir, acaso, que todos somos Ícaro? Sí, pero también quiere decir que todos somos Dédalo creador. 

   Mirar desde lo alto es también “mirar lejos”. ¿Cómo comprender y asumir existencialmente la mirada hacia lo lejano? Mirar lejos es el proceso mediante el cual se empieza a visualizar, imaginar y diseñar la creación de lo nuevo. Quien mira lejos es quien comprende que todo puede ser nuevo, diferente y mejor. 

     No se trata de mirar hacia abajo porque ya estamos elevados (Nietzsche), sino de mirar desde lo alto porque hemos tomado consciencia de nuestra potencia infinita. 


¡Íncipit!   




Manual de desencanto para una vida digna 18.

  Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas. Precepto. Es necesaria y urgente la creación de un sistema nuevo, integral y superior de la consci...