Manual de desencanto para una vida digna 7.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
Precepto:
Para una auténtica transformación de sí y de lo real, es necesario ingresar en un estado de quietud interna.
Es importante afirmar y dejar claro que una de las características fundamentales del ser humano es la posibilidad que tiene de una transformación total, integral y radical de sí mismo y de lo real.
Algunas posturas biológicas contemporáneas, afirman un determinismo humano que consiste en evidenciar que toda función tiene una explicación y un correlato en una característica biológica. Desde esta perspectiva, pensar en la posibilidad del libre albedrío y de la autonomía sería imposible. Desde lo más básico como las respuestas instintivas, hasta lo más complejo como las ideas, se explicarían desde unos condicionamientos biológicos inevitables.
Ante lo anterior, podemos invocar una parte fundamental y poco estudiada del pensamiento de Judith Butler, y es que el cuerpo es también una creación y determinación de sentido. Butler toma esta concepción del también poco estudiado y menos comprendido Antonin Artaud, para quien el cuerpo era un despliegue escénico de fuerzas. Para Artaud el cuerpo hay que crearlo, de la misma forma en que se diseña y despliega un escenario.
Claro que Butler le da otro sentido al concepto artaudniano de “cuerpo sin órganos”, en tanto comprende que la corporalidad se construye dentro de un sistema significante. El punto complejo es cuando ese sistema significante determina e impone un sentido del cuerpo como definitivo.
Esto es lo que pasa con el determinismo biológico, que asume como definitivo un sentido del cuerpo que fue creado dentro de un proceso social y de poder.
Un ejemplo claro de lo anterior, lo presenta Merleau Ponty con su concepción de “miembro fantasma”. ¿Por qué a alguien que se le amputó una parte del cuerpo, todavía lo sigue sintiendo? La respuesta es que se le amputó la parte, pero el sistema significante de la corporalidad sigue igual, por lo que la puede seguir sintiendo. El cuerpo es una construcción de sentido.
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Pero todo este rodeo sobre el cuerpo, era para sustentar que el individuo tiene la posibilidad de transformarse a sí mismo de forma absoluta. Por eso decir que el individuo puede empezar de nuevo de forma total y, a partir de ahí, crearse a sí mismo no es sólo un juego del lenguaje, sino que es lo que constituye la esencia del individuo.
Entonces, la pregunta debe ser: ¿cómo hacer posible esa transformación? Nuestra respuesta es: ingresando en un estado de quietud interna.
¿Qué es una quietud interna?
El filósofo Chul Han hace una defensa de la inactividad, porque esta no es contraria a la actividad, sino que la potencia. Para poder hacer algo bien hecho y de un modo superior, es necesario estar en un instante de inactividad. ¿Qué es la inactividad? Es un estado de relajación espiritual profunda, en el que el individuo puede desconectarse de todo aquello que no es fundamental para su existencia. Lo anterior quiere decir que la inactividad es una transformación de la consciencia.
Lo importante de la inactividad es que, cuando el individuo toma consciencia de lo fundamental, se inicia una transformación integral de las acciones, que se puede comprender en el precepto: “Has sólo aquello que potencie y dignifique tu existencia”.
La inactividad como relajación espiritual permite una quietud interna. La diferencia es que la inactividad es una desconexión, mientras que la quietud es una conexión consigo mismo. Se trata de llegar a un punto en el que todo el sistema de sentido que se ha asumido se libera. Es un punto cero de la significación. La quietud interna es una conexión con aquello que no tiene sentido o con un vacío esencial, desde el que se puede iniciar un nuevo proceso de creación del sentido.
La quietud interna es una experiencia de aniquilación del sentido, para que un nuevo y superior sentido sea posible. ¿Cómo saber que ese nuevo sentido es superior? Porque lo nuevo no es lo diverso, sino la emergencia de otro modo de lo real. La transformación de sí implica la transformación de todo.
Pero, ¿cómo desconectarnos de la información digital, que cada vez es más eficaz, silenciosa e invisible?
¡Íncipit!
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