Manual de desencanto para una vida digna 6.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
Para mi Padre.
Precepto:
Es importante aprender a mirar desde lo alto, como un ejercicio de potenciación de la existencia.
“Mirar desde lo alto” debe ser asumido como un ejercicio de potenciación de la existencia. Lo anterior es muy importante tenerlo claro desde el inicio, porque no se trata de una acción de denigración de los otros. Mirar desde lo alto es un ejercicio, porque es algo que el individuo realiza de modo consciente, para poder diferenciar entre aquello que lo puede potenciar y lo que lo podría despotenciar. Mirar desde lo alto es una acción de aumento de potencia de la existencia del individuo, en la que éste se conecta con su consciencia interna.
¿Cómo comprender esa consciencia interna del individuo? En primer lugar, es la afirmación de la totalidad en el instante. No es la afirmación del instante en sí mismo, sino de la totalidad de la que se tiene consciencia en un instante. Lo cual hace de ese instante algo “excepcional”.
Todo lo contrario a lo que se promueve en la actual sociedad del espectáculo: en esta el instante está desposeído de la unidad excepcional, de la consciencia de la totalidad. En el instante del espectáculo se trivializa y banaliza la existencia, porque se pierde la consciencia de la importancia de lo fundamental.
El instante excepcional que hace posible el ejercicio de “mirar desde lo alto”, es una consciencia interna de la unión con la totalidad. Es un instante de asombro superior. Es por esto que Goethe puede afirmar: “Mi alma se eleva más arriba de sí misma y sobre por de todo, y aspira hacia el más cercano cielo”.
La mirada desde lo alto implica una amplitud de la percepción, que favorece y potencia las condiciones de la existencia. Esto lo plantea el budismo y el estoicismo: ante un problema o una dificultad en la existencia del individuo, una mirada amplia permite no sólo una serenidad en el alma, sino también vislumbrar opciones para solucionarlos.
Las crisis de angustia, ansiedad y depresión de los individuos contemporáneos están muy vinculados con procesos de fragmentación de la percepción y enfoque de la misma hacia la hiper-estimulación del espectáculo.
Pierre Hadot afirma algo fundamental, y es que en la antigüedad se construían los templos o los lugares sagrados en las más altas montañas. El impacto psíquico sobre el individuo era profundo: subir a las más altas cimas se constituía en un símbolo de elevación espiritual. Subir poco a poco y paso a paso la montaña, hasta llegar a la cumbre, despertaba en los antiguos la conciencia interna de lo sagrado.
Con Lucrecio podemos decir que subir a las más altas montañas, es ir “tras las huellas del rayo”.
Lo anterior nos ubica frente a otra característica importante que constituye la “mirada desde lo alto”, y es que sólo desde las altas cumbres es donde nace el deseo del vuelo. Mirar desde lo alto no es mirar hacia abajo, como lo plantearía poéticamente Nietzsche, sino que es la posibilidad de despertar el anhelo imposible del vuelo. Pero, si el vuelo nos ha sido negado, ¿cuál es el significado simbólico del anhelo de volar? Es la consciencia del proceso infinito.
Cuando el individuo toma consciencia que todo lo que existe es un proceso de elevación infinito, su existencia se potencia. Spinoza afirma que la mejor y máxima forma de potencia está en la idea de Substancia, en tanto que esta se asume como aquello que “se expresa infinitamente de infinitos modos”. ¿Por qué esta idea es potenciadora? Porque el individuo comprende que no hay límite, y que todo se puede crear. Que lo imposible no existe, sino que aún no se lo ha creado.
El vuelo es la consciencia de lo superior. ¿Esto quiere decir, acaso, que todos somos Ícaro? Sí, pero también quiere decir que todos somos Dédalo creador.
Mirar desde lo alto es también “mirar lejos”. ¿Cómo comprender y asumir existencialmente la mirada hacia lo lejano? Mirar lejos es el proceso mediante el cual se empieza a visualizar, imaginar y diseñar la creación de lo nuevo. Quien mira lejos es quien comprende que todo puede ser nuevo, diferente y mejor.
No se trata de mirar hacia abajo porque ya estamos elevados (Nietzsche), sino de mirar desde lo alto porque hemos tomado consciencia de nuestra potencia infinita.
¡Íncipit!
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