domingo, 26 de enero de 2025

Manual de desencanto para una vida digna 16.


 Manual de desencanto para una vida digna 16. 

Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


Precepto:

Es necesario realizar un riguroso proceso de destrucción de todas las verdades, en especial de aquellas verdades que nos han generado una identidad y una consciencia de sí mismos.  


Hay que decirlo de forma clara: las verdades cumplen una función inmunológica fundamental en la existencia de los individuos y de las sociedades. Es más: nadie puede vivir sin un cierto nivel de verdad determinada. 

¿Qué es una función inmunológica? Es aquella que tiene la capacidad de defender al individuo de la realidad. Las verdades defienden a los individuos de la realidad, al dar y otorgar una explicación a la misma. Aunque esa explicación sea falsa. De hecho, la explicación debe ser falsa, solo que el individuo y la sociedad la asumen como verdadera. Ahí está la función inmunológica: en asumir algo como verdadero, aunque sea falso. Toda verdad es un error que se asume como verdadero, para que pueda defender del caos de la realidad. 

Pero, ¿por qué es necesario defenderse de la realidad? Porque la realidad es el caos fundamental, es decir: la posibilidad absoluta de lo nuevo, pero que no se puede ni comprender ni pensar. La realidad es la afirmación de lo imposible. 

Es por esto que a la realidad no se la puede asumir en sí misma, sino que hay que darle un sentido para poderla comprender y controlar. El sentido que se le dé a la realidad, depende de la calidad de la fuerza con la que se la asume. Entre más débil sea un individuo y una sociedad, más radical debe ser la verdad que se determina. Entre más fuerte sea un individuo y una sociedad, más flexible es esa verdad. La verdad es el resultado de un ejercicio de expresión de las fuerzas de la consciencia. 

¿Sería posible la destrucción de todas las verdades, en la expresión de una fuerza absoluta del individuo y la sociedad? Es probable que no, pero, al menos, se debe intentar. En eso consiste la dignidad de lo humano: en el intento y el esfuerzo del despliegue de las fuerzas integrales. 

Asumamos, entonces, que la destrucción de todas las verdades es imposible, pero que lo debemos intentar. Para ese intento, se requiere hacer una re-construcción de todo el sistema de la sensibilidad y el pensamiento del individuo, para, a partir de ahí, hacer lo siguiente: 1. Identificar el nivel de fuerza en el que se está, 2. Identificar las verdades más importantes e influyentes de nuestra existencia, 3. Comprender aquello de lo que esas verdades nos están defendiendo en concreto, 4. Escribir con claridad y sin miedo lo que perderíamos, en la destrucción de esas verdades. 

Hay que aceptar que es un ejercicio espiritual muy difícil, y mucho más en un contexto como el del mundo contemporáneo, en el que los individuos tienen una cada vez más creciente necesidad de verdades radicales. Por todos lados vemos el resurgimiento de nuevos fascismos y tiranías, como la del tecnofeudalismo. Los individuos están cada vez más estupidizados por las fake news, que se han convertido en las determinadoras de una nueva verdad algorítmica. Las ideas absurdas y radicales, son cada día más aceptadas y admiradas. Pero esto, lo que evidencia, es el debilitamiento interno de los individuos, generado en la crisis global de los valores fundamentales y superiores. ¿Qué es un valor fundamental y superior? Lo que permite una potenciación y una creación de sí del individuo. ¿Qué es un valor radical y fascista? El que somete al individuo desde una verdad incuestionable, y le impide el libre despliegue de su singularidad. 

En el proceso de destrucción de todas las verdades, se anhela la construcción de un nuevo sistema de valoraciones, a partir de las cuales el individuo se pueda conocer y crear a sí mismo, y permita que los otros también lo hagan, en una interacción afectiva y honesta. Es necesario destruir todas las verdades, para crear nuevas valoraciones. ¿Cómo cuáles? Como: 1. La dignidad de todos los seres vivos, en la libre expresión de su individualidad, 2. La afirmación que la verdad es un proceso de creación continuo, que tiene como objetivo el aumento de la fuerza individual, 3. Que no es posible una verdad que sea válida para todos, 4. Que toda verdad es sólo un instrumento, y no un fin en sí mismo, y 5. Que todo individuo es único, diferente e irrepetible.   

Es por todo lo anterior, que se deben estudiar muy despacio todas las verdades que han generado una identidad y una consciencia de sí mismos. ¿Por qué? Porque esas verdades no son propias, sino que se han impuesto desde un aparato de poder dominante, y porque esa consciencia de sí no es auténtica. Destruir la identidad y la consciencia de sí mismo, quiere decir transgredir al poder dominante que agencia e impone una verdad. El individuo requiere silencio y vacío, para empezar a escuchar su propia voz interna. 


Práctica de desencanto:

Aprender el difícil y riguroso arte de dudar de todo lo que se presenta como verdadero, incluso de lo más importante y sagrado. 


Práctica de dignificación:

Asumir el silencio interno como un ejercicio espiritual individual, desde el que se pueden destruir todas las verdades, para empezar un nuevo y superior proceso de creación. 


¡Íncipit!  




domingo, 12 de enero de 2025

Manual de desencanto para una vida digna 15.


 Manual de desencanto para una vida digna 15. 

Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


Precepto.

Debe negarse de forma radical todo sentido que se pretenda imponer, como si fuera una determinación. Si todo es una posibilidad de creación, entonces todo debe estar en un proceso continuo de transformación. Se debe afirmar la destrucción, la transformación y la elevación continua de todo lo que existe. 


Es muy claro que todo lo que existe es una posibilidad y un proceso de creación. Aunque no se tenga una consciencia clara de dicha posibilidad y proceso, lo cierto es que todo ha devenido porque se creó como tal. Si se realiza una re-construcción de sentido de todo lo que existe, se puede comprender cómo fue posible que se creara y se expresara ese sentido. Todo fue creado, aunque no se sepa cómo se hizo ni quién o quiénes lo hicieron. 

Por eso es muy importante tomar consciencia de esa posibilidad de creación: primero porque la re-construcción nos permite saber cuál fue el proceso de nuestros propios sentidos, segundo porque nos puede hacer comprender la calidad e intensidad de las fuerzas que nos constituyen, y tercero porque nos permite diseñar y pensar en una transformación integral de todos los sentidos creados para, a partir de ahí, iniciar la creación de nuevos y superiores sentidos. Si todo es una posibilidad de creación, podemos crear siempre nuevos sentidos de la existencia. 

El asunto es que asumir la existencia como una posibilidad y un proceso continuo de creación de sentidos, exige mucha fuerza y disciplina interna. ¿Por qué? Porque se puede sucumbir ante la angustia del sinsentido. Porque en muchas ocasiones se requiere asumir un sentido como si fuera definitivo, para que esto garantice una estabilidad existencial al individuo. 

¿Está el individuo preparado para una transformación integral de todo el sistema de sus sentidos? ¿tiene la capacidad de destruir todo sistema significante? ¿qué se requiere para esta acción de transgresión? La verdad es que es muy difícil, porque el sistema integral del sentido y la significación es lo que le da una estabilidad a la existencia del individuo. Los sentidos significantes operan como un sistema inmunológico: defienden al individuo del caos de la existencia. 

Ante lo anterior es necesario preguntar: ¿cualquier sentido significante tiene esa capacidad inmunológica de defender al individuo de lo real? ¿por absurdo que sea? Un sentido puede operar como un instrumento de defensa, siempre que se le imprima la intensidad adecuada. Esto es importante, porque un sentido que otorgue fuerza inmunológica a un individuo, puede no hacerlo con otro. Esto nos lleva a pensar, que los dispositivos inmunológicos dependen de la calidad de las fuerzas que constituyen a un individuo. Las fuerzas y los sentidos significantes se implican en la existencia misma. 

Entonces los sentidos y significaciones son importantes para garantizar la estabilidad existencial del individuo, pero no lo son para impulsar y hacer posible una evolución. Hay que decirlo con claridad: para una evolución es necesario destruir el sistema integral en el que esos sentidos y significaciones funcionan para, desde ahí, iniciar un proceso de creación de sentidos nuevos y superiores. 

Es necesario aprender a comprender y asumir la angustia existencial que genera el proceso intenso de creación de nuevos sentidos. La angustia es lo que evidencia que el individuo está evolucionando. El poeta Baudelaire lo afirmó: “¡Hasta el fondo de lo Desconocido, para encontrar lo nuevo!” (“Au fond de l'Inconnu pour trouver du nouveau!”). 

Es por esto que, aunque es necesario un sistema de sentido que de orden y estabilidad a la existencia, lo que no se puede permitir es que un sistema de sentido significante se imponga como si fuera una verdad definitiva. ¿Por qué? Primero porque esto impediría que el individuo pueda evolucionar (se puede sostener en un estado de supervivencia ordenada, pero no evolucionar), segundo porque es la más efectiva forma de ejercer un poder dominante y globalizante (el poder siempre se ejerce desde una pretendida “verdad”), y tercero porque toda “verdad” definitiva opera como un “cáncer” de la existencia, es decir: impide el libre flujo de las fuerzas integrales. 

La más eficiente forma de enfermarse es asumir un sentido como si fuera una verdad definitiva; y la más eficiente forma de sanarse es asumir la existencia como un proceso y una posibilidad infinita de creación de sentidos nuevos y superiores. 

Pero, ¿se deben destruir todos los sentidos significantes, incluso los más amados? ¿incluso si un sentido ha sido muy efectivo y ha funcionado? ¿se deben destruir incluso los sentidos superiores y los sagrados? Los “ideales superiores” son fundamentales para la dignificación de la existencia del individuo, porque permiten el despliegue de las fuerzas integrales y la creación de nuevas fuerzas; Pero, incluso lo más amado se debe destruir, para poder acceder a un amor superior. 


Práctica de desencanto:

Es necesario escribir una lista rigurosa de todas nuestras ideas, opiniones, creencias, hábitos y prácticas, para poder identificar lo siguiente: 1. Cuál es su función y su impacto dentro de nuestras vidas, 2. Cuáles se consideran como una “verdad” definitiva, y 3. Cuáles están limitando nuestra evolución integral. Hay que escribir la lista despacio, porque es importante diseñar un mapa de nuestro sistema de sensibilidad y de pensamiento, para empezar a intervenir en el mismo. 


Práctica de dignificación:

Comprender, analizar y estudiar todas nuestras “verdades”. Esto nos permitirá comprender que hay sentidos significantes que nos sostienen y que, tal vez, no nos habíamos dado cuenta. Para, después, iniciar un riguroso proceso de transgresión y transformación de todas esas “verdades”. Hay que destruirlo todo, empezando por aquello que nos genera una identidad y una consciencia de sí mismo.  


¡Íncipit!   





domingo, 5 de enero de 2025

Manual de desencanto para una vida digna 14.


 Manual de desencanto para una vida digna 14. 


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


Precepto.

Es necesario asumir los ideales superiores, como aquello que fundamenta la dignidad existencial del individuo. 


¿Qué es un ideal? Es la consciencia clara y radical que todo se puede transformar y crear de nuevo. Un ideal es la posibilidad de proyectar un anhelo universal. No depende del individuo, sino que es lo que hace posible la individualidad. En el ideal se concentra una plenitud de las fuerzas, mediante las que se se construyen nuevos niveles de lo real. 

Por eso es importante realizar una re-construcción de todo el sistema de la sensibilidad y del pensamiento. En dicha re-construcción se puede identificar el proceso mediante el cual se hizo posible el impacto afectivo de la sensibilidad, y la consciencia del pensamiento. ¿Por qué un bloque de sensibilidad puede tener un significado? ¿por qué se pueden crear y determinar certezas o sentidos de algo? 

Pero también se pueden proyectar nuevos sentidos, que tengan un impacto de universalidad, es decir: proyectar sentidos universales, sentidos que sean importantes porque permiten y garantizan una evolución infinita. 

Por eso son fundamentales los ideales: porque van más allá del individuo y se proyectan hacia la posibilidad de una individualidad singular. Digámoslo más claro: un ideal puede crear la individualidad, pero va más allá del simple individuo, en tanto en el ideal se crean y se proyectan anhelos universales. 

Pero lo universal no es lo que ya existe, sino lo que podría y debería existir. Por ejemplo: el anhelo de que la existencia sea una posibilidad infinita de creación de lo nuevo y superior, es universal, no porque así lo sea, sino porque así lo podría ser. Se puede asumir la existencia como aquello que se mueve en un ciclo definitivo, o se la puede asumir como una posibilidad infinita de transformación y creación. Lo primero es una mera supervivencia, lo segundo es una dignificación de la existencia misma. 

¿Qué es un ideal sino el deseo de lo mejor que podríamos llegar a ser? En el ideal se juega el ser de la existencia. 

¿Qué es lo superior? Lo superior sólo es posible desde la consciencia de la necesidad de una transformación integral de todo lo que existe. Lo superior se opone radicalmente a la supervivencia y a toda determinación. Lo superior es la certeza definitiva que todo puede ser diferente. Sólo que lo superior no pre-existe, no es algo hacia lo que haya que tender. Para decirlo claramente: lo superior hay que crearlo. Eso es todo. La elevación consiste en crear el sentido y el espacio en el cual elevarse. 

Lo superior es la fuerza que impulsa el anhelo hacia la idea de lo mejor. Tal vez la existencia puede asumirse y comprenderse como ese anhelo de mejoramiento infinito. Eso es la existencia: el anhelo ideal de lo superior. 

¿Pero por qué los ideales dignifican la existencia? Porque permiten el despliegue de fuerzas insospechadas e impensables. Como tenemos claro que nada tiene sentido, y que por eso es posible y necesario crearle un sentido a todo, entonces la creación de un ideal superior que fundamente la existencia, hace que sea digna y noble la acción del existir. Todo lo que existe es una creación de sentido; pero sólo en la creación de un sentido ideal y superior es que se puede comprender la potencia y la dignidad de la creación. 

Pero avancemos más: no se trata simplemente de la creación de un ideal superior, se trata de que éste sea el fundamento de la existencia. Para esto es necesario ir más allá de la inteligencia y de la voluntad: se requiere la fuerza del valor. No nos referimos a realizar una nueva valoración de la existencia, se trata, por el contrario, de sustentar la existencia misma en el valor de la creación del anhelo del ideal. 

¿Cómo tener valor, o cómo aprender a tener valor? Es necesaria la afirmación del desencanto, que se expresa: en la capacidad de decir ¡No más!, en aprender el arte de tomar distancia y en la determinación de realizar los procesos con rigor y seriedad. La fuerza del valor es el resultado de un ejercitamiento interno, en el que se comprende que todo puede empezar de nuevo siempre. 


Práctica de desencanto.

Aprender el sagrado arte de decir: ¡No pasarás!, a todo lo que va en contra de la dignificación fundamental de la potencia infinita de la individualidad. 


Práctica de dignificación:

No permitir que ni una sola acción, ni un solo sentimiento y ni un solo pensamiento que implique una “supervivencia”, se logre instalar en el sistema complejo de la consciencia individual. Ni uno solo, aunque sea considerado como lo “mejor” o lo más “importante”. 

Tal vez la existencia consista en eso: en tomar consciencia que lo imposible no existe, en el despliegue sincrónico de las potencias integrales. 


¡Íncipit!




Manual de desencanto para una vida digna 18.

  Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas. Precepto. Es necesaria y urgente la creación de un sistema nuevo, integral y superior de la consci...