domingo, 9 de marzo de 2025

Manual de desencanto para una vida digna 18.

 Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.

Precepto.

Es necesaria y urgente la creación de un sistema nuevo, integral y superior de la consciencia individual, en el que se transgreda todo sentido del cuerpo, la sensibilidad y el pensamiento establecido.

 

La individualidad sólo es posible como un ejercicio transgresor de la consciencia de sí. El individuo puede afirmarse a sí mismo, en la medida en que pueda transgredir su autopercepción. ¿Por qué? Porque lo que el individuo ha llegado a ser, es el resultado de un proceso de determinación de sentido, en el que él no ha participado de forma activa, consciente y voluntaria.

Ese es el sentido de “sujeto”: aquel que ha sido determinado por un poder externo. La subjetividad es el paso anterior a una auténtica individualidad, en tanto que el sujeto es el que es determinado, mientras que el individuo es el que transgrede esa determinación. Esa transgresión lo que quiebra, destruye y supera es el sentido de sí del sujeto. 

La transgresión del sentido de sujeto, es lo que hace posible la apertura de la conciencia de la individualidad.

¿Cómo es posible una transgresión integral, del sentido que sustenta y hace posible una percepción de sí? Esta percepción, aunque no implica una conciencia de sí en el sentido pleno y superior del término, sí es una forma de afirmación de la identidad existencial. Por eso es necesario un proceso de reconstrucción del sistema integral de sentido, en el que está inmersa esa percepción de sí. Esa reconstrucción implica una deconstrucción, en tanto que se reconstruye transgresivamente el sentido determinante.

Se debe comprender cómo se hizo posible que un poder determinador de sentido, pudiera agenciar e imponer un sentido de sí. Se debe crear un mapa inmanente de la subjetividad, en el que se identifiquen las fuerzas que confluyen para la determinación de una percepción de sí. Es sobre ese mapa que se debe intervenir. La transgresión consiste en quebrar las líneas del sentido que hacen posible el ejercicio determinante de las fuerzas. La transgresión es en sí misma un ejercicio y una apertura de la consciencia.

En el sujeto hay una individualidad implícita e indestructible, que debe emerger a partir de la transgresión de todo el sistema de sentido dominante. El individuo es la transgresión de la subjetividad, en la que una nueva consciencia de sí se hace posible.

Pero después de la transgresión de sí, es necesario un intenso proceso de creación de un nuevo sistema de la consciencia de la individualidad. ¿Cuál es la diferencia entre los dos sistemas? La diferencia radical es que el primer sistema fue impuesto como un dispositivo de dominación, mientras que el segundo es un proceso de creación en el que se afirma la autonomía del individuo.

En esto consiste una creación de sí: en el diseño y construcción de un nuevo sistema de significación integral, en que se apertura una consciencia de la propia individualidad.   

En esa nueva identidad individual, se constituye al cuerpo como una corporalidad dinámica y flexible, no organizada ni determinada en una “organicidad” funcional. Nadie sabe lo que la corporalidad puede llegar a crear. También se crea un nuevo sentido de la sensibilidad, en la que el deseo se configura a partir de la fuerza del ideal. Un deseo superior es aquel que anhela lo ideal, como posibilidad de lo superior. Esto hace que se asuma al pensamiento como una potencia creadora de sentidos, desde la que se pueden desplegar las potencias integrales de la individualidad.

La creación de un nuevo sentido de la individualidad, implica asumir una consciencia de sí como un proceso en continua construcción. El cuerpo podrá expresar un “plus” de fuerza activa; la sensibilidad podrá percibir los desplazamientos diferenciales, y, a partir de ahí, construir nuevos niveles de lo real; el pensamiento podrá pensar lo impensable, como fundamento de la creación de un sentido superior. 

Transgredirlo todo es un ejercicio interno, en el que se pueden superar los propios límites, y hacer posible lo que esas limitaciones consideran imposible. Es la afirmación del caos absoluto, como potencia de creación de lo nuevo e irrepetible.

¡Íncipit!

 


domingo, 26 de enero de 2025

Manual de desencanto para una vida digna 16.


 Manual de desencanto para una vida digna 16. 

Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


Precepto:

Es necesario realizar un riguroso proceso de destrucción de todas las verdades, en especial de aquellas verdades que nos han generado una identidad y una consciencia de sí mismos.  


Hay que decirlo de forma clara: las verdades cumplen una función inmunológica fundamental en la existencia de los individuos y de las sociedades. Es más: nadie puede vivir sin un cierto nivel de verdad determinada. 

¿Qué es una función inmunológica? Es aquella que tiene la capacidad de defender al individuo de la realidad. Las verdades defienden a los individuos de la realidad, al dar y otorgar una explicación a la misma. Aunque esa explicación sea falsa. De hecho, la explicación debe ser falsa, solo que el individuo y la sociedad la asumen como verdadera. Ahí está la función inmunológica: en asumir algo como verdadero, aunque sea falso. Toda verdad es un error que se asume como verdadero, para que pueda defender del caos de la realidad. 

Pero, ¿por qué es necesario defenderse de la realidad? Porque la realidad es el caos fundamental, es decir: la posibilidad absoluta de lo nuevo, pero que no se puede ni comprender ni pensar. La realidad es la afirmación de lo imposible. 

Es por esto que a la realidad no se la puede asumir en sí misma, sino que hay que darle un sentido para poderla comprender y controlar. El sentido que se le dé a la realidad, depende de la calidad de la fuerza con la que se la asume. Entre más débil sea un individuo y una sociedad, más radical debe ser la verdad que se determina. Entre más fuerte sea un individuo y una sociedad, más flexible es esa verdad. La verdad es el resultado de un ejercicio de expresión de las fuerzas de la consciencia. 

¿Sería posible la destrucción de todas las verdades, en la expresión de una fuerza absoluta del individuo y la sociedad? Es probable que no, pero, al menos, se debe intentar. En eso consiste la dignidad de lo humano: en el intento y el esfuerzo del despliegue de las fuerzas integrales. 

Asumamos, entonces, que la destrucción de todas las verdades es imposible, pero que lo debemos intentar. Para ese intento, se requiere hacer una re-construcción de todo el sistema de la sensibilidad y el pensamiento del individuo, para, a partir de ahí, hacer lo siguiente: 1. Identificar el nivel de fuerza en el que se está, 2. Identificar las verdades más importantes e influyentes de nuestra existencia, 3. Comprender aquello de lo que esas verdades nos están defendiendo en concreto, 4. Escribir con claridad y sin miedo lo que perderíamos, en la destrucción de esas verdades. 

Hay que aceptar que es un ejercicio espiritual muy difícil, y mucho más en un contexto como el del mundo contemporáneo, en el que los individuos tienen una cada vez más creciente necesidad de verdades radicales. Por todos lados vemos el resurgimiento de nuevos fascismos y tiranías, como la del tecnofeudalismo. Los individuos están cada vez más estupidizados por las fake news, que se han convertido en las determinadoras de una nueva verdad algorítmica. Las ideas absurdas y radicales, son cada día más aceptadas y admiradas. Pero esto, lo que evidencia, es el debilitamiento interno de los individuos, generado en la crisis global de los valores fundamentales y superiores. ¿Qué es un valor fundamental y superior? Lo que permite una potenciación y una creación de sí del individuo. ¿Qué es un valor radical y fascista? El que somete al individuo desde una verdad incuestionable, y le impide el libre despliegue de su singularidad. 

En el proceso de destrucción de todas las verdades, se anhela la construcción de un nuevo sistema de valoraciones, a partir de las cuales el individuo se pueda conocer y crear a sí mismo, y permita que los otros también lo hagan, en una interacción afectiva y honesta. Es necesario destruir todas las verdades, para crear nuevas valoraciones. ¿Cómo cuáles? Como: 1. La dignidad de todos los seres vivos, en la libre expresión de su individualidad, 2. La afirmación que la verdad es un proceso de creación continuo, que tiene como objetivo el aumento de la fuerza individual, 3. Que no es posible una verdad que sea válida para todos, 4. Que toda verdad es sólo un instrumento, y no un fin en sí mismo, y 5. Que todo individuo es único, diferente e irrepetible.   

Es por todo lo anterior, que se deben estudiar muy despacio todas las verdades que han generado una identidad y una consciencia de sí mismos. ¿Por qué? Porque esas verdades no son propias, sino que se han impuesto desde un aparato de poder dominante, y porque esa consciencia de sí no es auténtica. Destruir la identidad y la consciencia de sí mismo, quiere decir transgredir al poder dominante que agencia e impone una verdad. El individuo requiere silencio y vacío, para empezar a escuchar su propia voz interna. 


Práctica de desencanto:

Aprender el difícil y riguroso arte de dudar de todo lo que se presenta como verdadero, incluso de lo más importante y sagrado. 


Práctica de dignificación:

Asumir el silencio interno como un ejercicio espiritual individual, desde el que se pueden destruir todas las verdades, para empezar un nuevo y superior proceso de creación. 


¡Íncipit!  




domingo, 12 de enero de 2025

Manual de desencanto para una vida digna 15.


 Manual de desencanto para una vida digna 15. 

Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


Precepto.

Debe negarse de forma radical todo sentido que se pretenda imponer, como si fuera una determinación. Si todo es una posibilidad de creación, entonces todo debe estar en un proceso continuo de transformación. Se debe afirmar la destrucción, la transformación y la elevación continua de todo lo que existe. 


Es muy claro que todo lo que existe es una posibilidad y un proceso de creación. Aunque no se tenga una consciencia clara de dicha posibilidad y proceso, lo cierto es que todo ha devenido porque se creó como tal. Si se realiza una re-construcción de sentido de todo lo que existe, se puede comprender cómo fue posible que se creara y se expresara ese sentido. Todo fue creado, aunque no se sepa cómo se hizo ni quién o quiénes lo hicieron. 

Por eso es muy importante tomar consciencia de esa posibilidad de creación: primero porque la re-construcción nos permite saber cuál fue el proceso de nuestros propios sentidos, segundo porque nos puede hacer comprender la calidad e intensidad de las fuerzas que nos constituyen, y tercero porque nos permite diseñar y pensar en una transformación integral de todos los sentidos creados para, a partir de ahí, iniciar la creación de nuevos y superiores sentidos. Si todo es una posibilidad de creación, podemos crear siempre nuevos sentidos de la existencia. 

El asunto es que asumir la existencia como una posibilidad y un proceso continuo de creación de sentidos, exige mucha fuerza y disciplina interna. ¿Por qué? Porque se puede sucumbir ante la angustia del sinsentido. Porque en muchas ocasiones se requiere asumir un sentido como si fuera definitivo, para que esto garantice una estabilidad existencial al individuo. 

¿Está el individuo preparado para una transformación integral de todo el sistema de sus sentidos? ¿tiene la capacidad de destruir todo sistema significante? ¿qué se requiere para esta acción de transgresión? La verdad es que es muy difícil, porque el sistema integral del sentido y la significación es lo que le da una estabilidad a la existencia del individuo. Los sentidos significantes operan como un sistema inmunológico: defienden al individuo del caos de la existencia. 

Ante lo anterior es necesario preguntar: ¿cualquier sentido significante tiene esa capacidad inmunológica de defender al individuo de lo real? ¿por absurdo que sea? Un sentido puede operar como un instrumento de defensa, siempre que se le imprima la intensidad adecuada. Esto es importante, porque un sentido que otorgue fuerza inmunológica a un individuo, puede no hacerlo con otro. Esto nos lleva a pensar, que los dispositivos inmunológicos dependen de la calidad de las fuerzas que constituyen a un individuo. Las fuerzas y los sentidos significantes se implican en la existencia misma. 

Entonces los sentidos y significaciones son importantes para garantizar la estabilidad existencial del individuo, pero no lo son para impulsar y hacer posible una evolución. Hay que decirlo con claridad: para una evolución es necesario destruir el sistema integral en el que esos sentidos y significaciones funcionan para, desde ahí, iniciar un proceso de creación de sentidos nuevos y superiores. 

Es necesario aprender a comprender y asumir la angustia existencial que genera el proceso intenso de creación de nuevos sentidos. La angustia es lo que evidencia que el individuo está evolucionando. El poeta Baudelaire lo afirmó: “¡Hasta el fondo de lo Desconocido, para encontrar lo nuevo!” (“Au fond de l'Inconnu pour trouver du nouveau!”). 

Es por esto que, aunque es necesario un sistema de sentido que de orden y estabilidad a la existencia, lo que no se puede permitir es que un sistema de sentido significante se imponga como si fuera una verdad definitiva. ¿Por qué? Primero porque esto impediría que el individuo pueda evolucionar (se puede sostener en un estado de supervivencia ordenada, pero no evolucionar), segundo porque es la más efectiva forma de ejercer un poder dominante y globalizante (el poder siempre se ejerce desde una pretendida “verdad”), y tercero porque toda “verdad” definitiva opera como un “cáncer” de la existencia, es decir: impide el libre flujo de las fuerzas integrales. 

La más eficiente forma de enfermarse es asumir un sentido como si fuera una verdad definitiva; y la más eficiente forma de sanarse es asumir la existencia como un proceso y una posibilidad infinita de creación de sentidos nuevos y superiores. 

Pero, ¿se deben destruir todos los sentidos significantes, incluso los más amados? ¿incluso si un sentido ha sido muy efectivo y ha funcionado? ¿se deben destruir incluso los sentidos superiores y los sagrados? Los “ideales superiores” son fundamentales para la dignificación de la existencia del individuo, porque permiten el despliegue de las fuerzas integrales y la creación de nuevas fuerzas; Pero, incluso lo más amado se debe destruir, para poder acceder a un amor superior. 


Práctica de desencanto:

Es necesario escribir una lista rigurosa de todas nuestras ideas, opiniones, creencias, hábitos y prácticas, para poder identificar lo siguiente: 1. Cuál es su función y su impacto dentro de nuestras vidas, 2. Cuáles se consideran como una “verdad” definitiva, y 3. Cuáles están limitando nuestra evolución integral. Hay que escribir la lista despacio, porque es importante diseñar un mapa de nuestro sistema de sensibilidad y de pensamiento, para empezar a intervenir en el mismo. 


Práctica de dignificación:

Comprender, analizar y estudiar todas nuestras “verdades”. Esto nos permitirá comprender que hay sentidos significantes que nos sostienen y que, tal vez, no nos habíamos dado cuenta. Para, después, iniciar un riguroso proceso de transgresión y transformación de todas esas “verdades”. Hay que destruirlo todo, empezando por aquello que nos genera una identidad y una consciencia de sí mismo.  


¡Íncipit!   





domingo, 5 de enero de 2025

Manual de desencanto para una vida digna 14.


 Manual de desencanto para una vida digna 14. 


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


Precepto.

Es necesario asumir los ideales superiores, como aquello que fundamenta la dignidad existencial del individuo. 


¿Qué es un ideal? Es la consciencia clara y radical que todo se puede transformar y crear de nuevo. Un ideal es la posibilidad de proyectar un anhelo universal. No depende del individuo, sino que es lo que hace posible la individualidad. En el ideal se concentra una plenitud de las fuerzas, mediante las que se se construyen nuevos niveles de lo real. 

Por eso es importante realizar una re-construcción de todo el sistema de la sensibilidad y del pensamiento. En dicha re-construcción se puede identificar el proceso mediante el cual se hizo posible el impacto afectivo de la sensibilidad, y la consciencia del pensamiento. ¿Por qué un bloque de sensibilidad puede tener un significado? ¿por qué se pueden crear y determinar certezas o sentidos de algo? 

Pero también se pueden proyectar nuevos sentidos, que tengan un impacto de universalidad, es decir: proyectar sentidos universales, sentidos que sean importantes porque permiten y garantizan una evolución infinita. 

Por eso son fundamentales los ideales: porque van más allá del individuo y se proyectan hacia la posibilidad de una individualidad singular. Digámoslo más claro: un ideal puede crear la individualidad, pero va más allá del simple individuo, en tanto en el ideal se crean y se proyectan anhelos universales. 

Pero lo universal no es lo que ya existe, sino lo que podría y debería existir. Por ejemplo: el anhelo de que la existencia sea una posibilidad infinita de creación de lo nuevo y superior, es universal, no porque así lo sea, sino porque así lo podría ser. Se puede asumir la existencia como aquello que se mueve en un ciclo definitivo, o se la puede asumir como una posibilidad infinita de transformación y creación. Lo primero es una mera supervivencia, lo segundo es una dignificación de la existencia misma. 

¿Qué es un ideal sino el deseo de lo mejor que podríamos llegar a ser? En el ideal se juega el ser de la existencia. 

¿Qué es lo superior? Lo superior sólo es posible desde la consciencia de la necesidad de una transformación integral de todo lo que existe. Lo superior se opone radicalmente a la supervivencia y a toda determinación. Lo superior es la certeza definitiva que todo puede ser diferente. Sólo que lo superior no pre-existe, no es algo hacia lo que haya que tender. Para decirlo claramente: lo superior hay que crearlo. Eso es todo. La elevación consiste en crear el sentido y el espacio en el cual elevarse. 

Lo superior es la fuerza que impulsa el anhelo hacia la idea de lo mejor. Tal vez la existencia puede asumirse y comprenderse como ese anhelo de mejoramiento infinito. Eso es la existencia: el anhelo ideal de lo superior. 

¿Pero por qué los ideales dignifican la existencia? Porque permiten el despliegue de fuerzas insospechadas e impensables. Como tenemos claro que nada tiene sentido, y que por eso es posible y necesario crearle un sentido a todo, entonces la creación de un ideal superior que fundamente la existencia, hace que sea digna y noble la acción del existir. Todo lo que existe es una creación de sentido; pero sólo en la creación de un sentido ideal y superior es que se puede comprender la potencia y la dignidad de la creación. 

Pero avancemos más: no se trata simplemente de la creación de un ideal superior, se trata de que éste sea el fundamento de la existencia. Para esto es necesario ir más allá de la inteligencia y de la voluntad: se requiere la fuerza del valor. No nos referimos a realizar una nueva valoración de la existencia, se trata, por el contrario, de sustentar la existencia misma en el valor de la creación del anhelo del ideal. 

¿Cómo tener valor, o cómo aprender a tener valor? Es necesaria la afirmación del desencanto, que se expresa: en la capacidad de decir ¡No más!, en aprender el arte de tomar distancia y en la determinación de realizar los procesos con rigor y seriedad. La fuerza del valor es el resultado de un ejercitamiento interno, en el que se comprende que todo puede empezar de nuevo siempre. 


Práctica de desencanto.

Aprender el sagrado arte de decir: ¡No pasarás!, a todo lo que va en contra de la dignificación fundamental de la potencia infinita de la individualidad. 


Práctica de dignificación:

No permitir que ni una sola acción, ni un solo sentimiento y ni un solo pensamiento que implique una “supervivencia”, se logre instalar en el sistema complejo de la consciencia individual. Ni uno solo, aunque sea considerado como lo “mejor” o lo más “importante”. 

Tal vez la existencia consista en eso: en tomar consciencia que lo imposible no existe, en el despliegue sincrónico de las potencias integrales. 


¡Íncipit!




domingo, 29 de diciembre de 2024

Manual de desencanto para una vida digna 13.


 Manual de desencanto para una vida digna 13. 


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


      Precepto.

    Es importante transformar el impulso vital de la acción, hacia el deseo superior por la idea. Que el impulso, el deseo y la idea sean la unidad trascendental de la existencia. 


     Hay tres elementos importantes de la existencia, que son: el impulso, el deseo y la acción. El impulso se transforma en deseo, y el deseo en acción. El problema es cuando estos no hacen posible una evolución integral de la consciencia del individuo. ¿Por qué? ¿De qué forma el impulso, el deseo y la acción no permiten la evolución? La respuesta es que el impulso, el deseo y la acción deben enfocarse y proyectarse hacia la creación de la idea o de la consciencia ideal de la existencia. 

    En el impulso hay una fuerza que está muy relacionada con la garantía de la supervivencia del individuo y de la especie. Aquello que impulsa quiere que la existencia persista. Pero esto no garantiza la evolución, porque evolucionar no quiere decir “persistir” sino transformar. ¿Transformar qué? Las condiciones de la existencia misma. Es por esto que el impulso debe transformarse hacia el deseo de la transformación. 

   El deseo también es una fuerza que mueve la existencia del individuo. La pregunta es: ¿hacia dónde mueve el deseo? ¿todo deseo implica una evolución de las condiciones existenciales del individuo? ¿todo deseo es un “deseo de lo mejor”? Ese es el punto, que no todo deseo implica un anhelo de mejoramiento. Hay un gran margen de la fuerza deseante que también redunda con la supervivencia de la existencia. Por eso es necesaria una transformación de la fuerza deseante, de modo que se pueda desear una transformación hacia lo mejor. 

     El impulso hay que transformarlo hacia el deseo de lo mejor. ¿Qué es lo mejor? Lo que hace posible el despliegue integral de las fuerzas del individuo, y lo que permite la creación de nuevas fuerzas superiores. 

    Esa es la importancia de la acción: la acción fundamental de la existencia es la transformación integral de la existencia. Pero para que esto sea posible, se requiere primero la transformación del deseo mencionada. El “deseo de lo mejor” impulsa e inspira una acción transformadora. Hasta que esto no acontezca, las acciones van a carecer de la fuerza vital que se requiere para la dignificación de la existencia y de la consciencia correspondiente. 

    ¿Qué es una acción superior? Es el impulso deseante hacia el anhelo de una transformación integral de la existencia. 

    Pero lo anterior sólo es posible si se logra la creación de la idea. ¿Qué es una idea? ¿qué es el anhelo por lo ideal? Lo primero que se debe afirmar es que la idea sólo es posible como el ejercicio de creación de una consciencia. Una idea implica y requiere esas tres características: un ejercicio interno, una acción creadora y la apertura de una consciencia. 

     Un ejercicio interno es un proceso mediante el cual es posible un conocimiento de sí del individuo. Un ejercicio es una ascesis y una potenciación: una ascesis porque ejercitarse es eliminar de sí todo lo extraño y lo que se impone desde un poder exterior; y una potenciación porque el ejercicio sobre sí mismo permite tomar distancia de todo lo que no permite una afirmación de la individualidad. Pero la concepción de “ejercicio” también implica la afirmación del juego absoluto de la existencia. 

     Sólo desde el ejercicio como una afirmación existencial es posible el despliegue de una acción creadora. Crear es hacer posible la emergencia de lo nuevo y de lo impensable. Crear es hacer posible lo imposible y lo inaudito. Pero la creación de lo nuevo no quiere decir la creación de lo diverso, sino de lo diferente y lo superior. La existencia se potencia cuando se crean nuevas y superiores formas de la consciencia. 

    La ejercitación interna y el despliegue de la potencia creadora permiten la apertura de nuevas y diferentes formas de la consciencia. ¿Consciencia de qué? De sí mismo, de los otros y de la posibilidad de la creación de nuevos niveles de lo real. 

Lo anterior (ejercicio de sí, creación y consciencia) permite la emergencia de la idea o del anhelo de lo ideal. Entonces ahora sí: ¿qué es la idea? Es la consciencia de sí y de la totalidad como posibilidad infinita de creación de una existencia superior. La idea hace posible la creación de una existencia digna. 

    Una idea tiene, además, estas características: es universal, necesaria y constante. Universal por la consciencia del todo, necesaria porque afirma la transformación como lo que apertura hacia lo nuevo y lo diferente, y constante porque las ideas también evolucionan, siempre se requieren nuevas y mejores ideas que potencien el devenir existencial del individuo.     

    De esta forma se puede lograr la unidad del impulso, el deseo y la acción, en tanto estos puedan crear el anhelo de lo ideal, que, a su vez, permite un ejercicio interno desde el que se crea una conciencia de la totalidad. La idea es una poética de lo superior. 


     Práctica de desencanto:

    Aprender el arte de tomar distancia de todo lo que no inspire y no haga posible el anhelo superior por lo ideal, como verbi gratia el espectáculo de bajo nivel que se impone en el mundo contemporáneo.


     Práctica de dignificación:

   Asumir la existencia como un proceso continuo e infinito de creación de lo superior, desde la afirmación de la idea. 


¡Íncipit!  




domingo, 22 de diciembre de 2024

Manual de desencanto para una vida digna 12.


 Manual de desencanto para una vida digna 12. 


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


     Precepto:

    Hay que arriesgarlo todo para diseñar y crear una existencia superior, en la que pueda desplegarse una consciencia infinita. La existencia y lo superior deben volverse sinónimos. 


    Es una gran suerte y una especial gracia poder comprender que la existencia no tiene ningún sentido determinado, porque es a partir de ahí que se puede iniciar un riguroso proceso de creación de sentido. Pero no se trata de crearle cualquier sentido, sino de crearle un sentido superior. 

  En el mundo contemporáneo no hay condiciones adecuadas para una comprensión y una vivencia de lo superior. Lo anterior se fundamenta en lo siguiente: las subjetividades se enfocan en una facticidad de lo inmediato y evidente. Sólo se asimila, se asume y se comprende desde una consciencia de sí auto-complaciente. La atención se dirige hacia la construcción de una percepción sin intensidad.   

    ¿Es preferible cualquier sentido a ningún sentido? La verdad es que no, la verdad es que hay que arriesgarlo todo para poder crearle un sentido diferente y superior a la existencia. El problema es que no es posible vivir sin sentido, entonces la mayoría de los individuos deben asumir el sentido que se les impone. Pero eso no quiere decir que eso sea mejor a no tener ningún sentido, todo lo contrario: es preferible destruir todos los sentidos establecidos, asumir el caos que implica la nada y empezar un proceso integral y radical de la creación de un sentido superior. 

    ¿Es posible destruir todo un sistema de sentido, a partir del cual se ha sostenido y fundamentado la existencia de un individuo? Tal vez sólo se puedan crear fisuras fundamentales; pero lo importante es intentarlo. Incluso, estamos llegando a un momento en el que se lo debe intentar y arriesgarlo todo. Es decir, que el riesgo no debe ser un lujo o una posibilidad entre otras, sino que debe ser la única posibilidad mediante la cual se afirme la dignidad. 

   Hay que intentar seriamente destruirlo todo, aunque sea imposible. Por eso mismo hay que hacerlo, porque es imposible, porque destruir lo destruible no tiene mérito, así como no lo tiene crear lo que ya existe. Si se trata de destruir algo, que sea de destruir lo indestructible. 

    La individualidad es la afirmación de una consciencia de sí nueva y diferente. El sentido de sí debe ser único e irrepetible. La existencia debe ser una poética de lo superior. 

    Cuando se logra tomar consciencia del principio fundamental de la individualidad, inicia el despliegue y expresión de unas fuerzas nuevas y originales, a partir de las que se afirma la evolución infinita de la existencia. 

  Una de las mejores formas de dignificar la existencia, está en asumir esa posibilidad de una evolución infinita. Es verdad que la muerte es una realidad, pero tan sólo como la necesidad implícita de una transformación radical. Morir es empezar de nuevo. Pero más allá de esa situación contingente, la “idea” de una evolución infinita de la consciencia de sí del individuo tiene la capacidad de potenciar y dignificar la existencia misma. Esa es la función de las ideas: desplegar y elevar las energías a nuevos niveles de lo real. Una idea abre horizontes insospechados.  

   Por eso de lo que se trata es de asumir la existencia desde esa consciencia de una potencia infinita de evolución. Si nada tiene sentido es porque todo puede ser posible, y si todo puede ser posible, es porque se puede crear lo superior, o mejor aún: se puede asumir la existencia como el esfuerzo y el sacrificio por la creación de un sentido de sí superior. Existir quiere decir crear sentido a la existencia misma. La acción de existir es creadora en sí misma. Todo lo que existe está creando un sentido de su existencia misma. 

    Hay un punto de tensión e intensidad en el que nos enfrentamos continuamente con la posibilidad de una angustia, ante el hecho inminente de tener que destruirlo todo, para poder crearlo todo de nuevo. Pero esa angustia es potenciadora y liberadora, porque nos ubica ante la necesidad de asumir la existencia como un proceso de creación infinito. La idea de que la creación debe ser infinita, para que sea una auténtica creación, dignifica la existencia del individuo. La dignidad no se otorga, sino que se logra en el despliegue infinito de la potencia creadora. 

     Existir es la actualización continua de la potencia individual de creación. 

     La belleza es el resplandor de la fuerza cuando se eleva. 


     Práctica de desencanto.

    Comprender que todos los sentidos son procesos de creación, que ha logrado esa determinación en el proceso mismo y debido a una necesidad vital, pero que se deben destruir para la emergencia de nuevos y superiores sentidos.


     Práctica de dignificación.

   No permitir que ningún sentido se instale en la consciencia individual como si fuera una verdad absoluta. Ningún sentido, incluso si tiene la forma de lo más sagrado y de lo más verdadero. Todo puede ser destruido o se lo puede someter a una prueba de destrucción, en la que se comprenda que todo puede tener un sentido nuevo y superior. 


¡Íncipit!     




miércoles, 11 de diciembre de 2024

Manual de desencanto para una vida digna 11.

 

Manual de desencanto para una vida digna 11.


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


      Precepto.

   Para potenciar la existencia, es necesario asumir y tener claro al menos dos nociones: que hay que aprender a cultivar la soledad interna como lo único importante, y que en el mundo contemporáneo es cada vez más difícil y casi imposible esa soledad. 


    La soledad es un instante de plenitud, en el que se comprende que todo puede ser posible. Es una plenitud en la que se intuye que hay en nuestro interno un principio fundamental de indestructibilidad. Si todo puede ser posible es porque nada nos puede destruir. 

   Pero desde la filosofía de Spinoza, lo anterior sólo es posible afirmarlo de la “substancia”. Lo substancial consiste en comprender que en todo lo que existe hay, de forma latente e inmanente, un principio de creación autosostenible e infinito. Por eso la substancia es una, porque es todo.

    Es importante dejarlo claro: ese principio está presente en todo lo que existe. La filosofía de Spinoza no puede permitir pensar que cada “modo” es una singularidad.        

    Por supuesto que Spinoza distingue entre “substancia” y “modo”, en tanto que el modo es una expresión única e irrepetible de la substancia universal. Pero también deja claro que cada modo es él mismo substancial, sólo que de un modo diferente. 

     Cada ser singular es una totalidad universal, expresada diferencialmente. 

    Lo anterior solo se puede asumir y comprender en un estado de plenitud interna, que es como comprendemos a la soledad. La soledad no consiste en no estar con nadie, ni en no establecer vínculos. La soledad consiste en tomar consciencia intuitiva de la singularidad que somos. Digámoslo claramente: la soledad consiste en comprender que somos únicos, diferentes e irrepetibles. Lo fundamental es que solo desde esa soledad es que podemos establecer vínculos intensos, profundos y significativos con los otros.      

    El principio infinito de indestructibilidad opera en dos sentidos: es una consciencia interna, pero también es un principio de acción, a partir del cual se construye la individualidad y se despliegan niveles transformadores de lo real. No es un principio simbólico o alegórico; es el fundamento de lo real, o lo que puede desplegar la energía implícita de lo real. 

   Heidegger lo comprendió, pero no lo llevó hasta sus posibilidades superiores. ¿Por qué? Primero porque afirma que el ser-ahí es quien tiene la facultad especial de asumir y desatar las energías latentes de lo real, y crearla como realidad. Pero segundo porque asumió el Übermensch nietzscheano como una simple alegoría de la voluntad de poder, cuando éste consiste en el despliegue superior de esas energías. 

   Es necesaria una poética de lo superior, como la que plantea Sloterdijk, que consiste en la afirmación de la individualidad como una posibilidad continua de creación y mejoramiento. Crear consiste en hacer emerger lo nuevo y lo mejor. Para Sloterdijk el individuo es la posibilidad de una antropotécnica de sí, es decir: de una creación de sí como un ejercicio existencial. ¿Hacia dónde se eleva lo superior? Hacia los niveles de lo real que puede crear. 

    Por esto la soledad interna potencia la existencia: porque eleva las energías. La soledad es una consciencia interna, que hace posible una existencia superior. 

   Pero, ¿por qué en el mundo contemporáneo es casi imposible asumir una soledad interna como principio vital? La respuesta es que la atención de los individuos está cada vez más controlada, en tanto que se la direcciona hacia la asimilación de información de baja calidad. Los individuos no están distraídos, sino que están hiper-enfocados en un sistema de realidad fundamentado en la banalización. Lo que Guattari denomina las “creaciones de las subjetividades”, se ha direccionado hacia la determinación de un individuo histórico que no puede comprender el principio de singularidad interno, a partir del cual podría ser posible una evolución infinita.  

  La soledad fundamental, entendida como una plenitud interna, requiere el despliegue de una atención superior. La comprensión de principios fundamentales de la existencia, requiere el despliegue de una energía potente. La soledad es un ejercicio de despliegue y aumento de una potencia indestructible. ¿Por qué indestructible? Porque se sustenta en sí misma, ´porque es causa de sí. Lo indestructible es aquello que se puede crear y renovar integralmente de forma continua. La soledad es la potencia dinámica de la singularidad individual. 

   ¿Qué hacer cuándo la soledad es lo único importante, pero cada día es lo más difícil e imposible? Asumir la existencia como un consciente: devenir extraño. El extrañamiento es la afirmación de lo “anómalo”, de lo que se niega a asumir toda determinación de sentido como definitiva, lo que no asume prototipos, lo que se desvía hacia lo nuevo.   


    Práctica de desencanto.

  Enfocar la atención en aquello que se considera y asume como un principio superior, de una forma que todo lo demás deje de importar. Aunque sea sólo por un instante. 


   Práctica de dignificación.

  Actuar, sentir y pensar desde la consciencia de una plenitud interior. Hacerlo como si esa plenitud fuera absoluta, aunque no lo sea. En esto consiste el sentido de la dignidad de la existencia.   


¡Íncipit! 




Manual de desencanto para una vida digna 10.


 Manual de desencanto para una vida digna 10.


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


    Precepto:

   Es fundamental intentar, sin descanso, una transformación del sistema integral de la consciencia, para poder acceder a una consciencia superior. 


   Lo importante es intentarlo, aunque no se lo logre. Pero intentarlo, y sin descanso. Tal vez en eso consista la dignidad de lo humano: en comprender que todo lo que existe puede ser diferente y mejor. 

   ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo transformar algo de lo que aún no se sabe qué es, y de lo que tampoco se sabe su proceso de formación y emergencia? Comprender qué es la consciencia, y cuáles son sus posibilidades, es uno de los temas importantes de la filosofía del porvenir. Pero lo anterior no puede ser un impedimento para el intento de una transformación integral de la misma, porque una característica esencial de la consciencia es que sólo comprende aquello que transforma.

   No se comprende un objeto ya dado y definido, sino que se comprende el objeto que se construye en la comprensión. No es una crítica de la consciencia pura, sino una creación de la consciencia en la comprensión. Lo que queremos decir es que tomar consciencia de algo implica darle forma y sentido a ese algo. Consciencia es transformación y creación integral. 

   De hecho, los avances disruptivos en los desarrollos de inteligencia artificial, se están enfocando hacia la posibilidad de una re-construcción digital del proceso evolutivo de la emergencia de la consciencia. Una reconstrucción probable, pero algorítmica, lo que quiere decir que se va a desplegar una simulación superior de lo que hizo posible la consciencia, para, a partir de ahí, diseñar una transformación evolutiva de la consciencia misma. Pero lo complejo está en que esa posible consciencia superior, consistirá en la emergencia disruptiva de una superinteligencia artificial.   

   ¿Esa superinteligencia determinará la línea evolutiva de la consciencia humana, y de toda posibilidad de consciencia? Es decir: si se puede crear una superinteligencia artificial, a partir de esa re-construcción evolutiva, ¿esta puede diseñar, definir y establecer la transformación de todas las consciencias? Es muy posible, pero ¿será una evolución instrumental, que cumpla los parámetros de intereses particulares y privados? Esto no sólo es probable, sino también obvio. 

   Lo anterior es muy importante, porque la inteligencia artificial está siendo utilizada como una nueva y más eficiente forma de dominación del individuo, en tanto puede condicionarlo pre-reflexivamente en el diseño identitario de sus proyectos existenciales. ¿Cuál es la importancia? Que para condicionar se debe tener un certero conocimiento de lo condicionante. Para decirlo de forma clara: el individuo se puede condicionar y, a partir de ahí, ejercer una dominación, porque se comprende que la consciencia de sí se puede determinar desde un impacto de significación del inconsciente. Es lo más avanzado en los estudios sobre la individualidad.

  La inteligencia artificial puede simular una evolución de la consciencia, pero también puede, a partir de ahí, condicionar a la consciencia misma.    

Pero no es de esa transformación integral de la consciencia (determinada por la inteligencia artificial) sobre la que queremos reflexionar. Lo que queremos es pensar el intento radical de transformar la consciencia, de modo que haga posible la creación de una nueva individualidad.

   ¿Cómo puede ser posible pensar en un nuevo individuo? Esto es posible en el intento de transformación total e integral de toda determinación de sentido. 

   Es la única forma de revolución posible en el mundo contemporáneo: una transformación total y radical. La creación de sí, en una consciencia nueva y superior, es una revolución que se hace desde la afirmación de un desencanto fundamental. 

  Por supuesto, destruir y transgredir todo el sistema de sentido de consciencia (en el que se incluye al inconsciente o a la consciencia del inconsciente), implica asumir la experiencia del caos y la angustia. 

   Lo más valioso de los individuos contemporáneos es que puedan comprender y asumir el caos y la angustia que implica el desencanto ante todo lo que existe, porque a partir de ahí se puede iniciar un proceso de creación superior. ¿Es el desencanto una forma de vacío, desde el que es posible la creación de nuevos e infinitos niveles de la consciencia? 

    Pensar consiste en pensar lo imposible. 


   Práctica de desencanto:

 Por un instante arriesgarse a perder toda certeza, toda seguridad y todo conocimiento. Perderlo todo, empezando por la propia consciencia del Yo. Dejar por un instante que todo sea absurdo y que todo sea posible. 


   Práctica de dignificación:

  No permitir de nada ni de nadie la pretensión de imponer una determinación de sentido. De nada ni de nadie. Ni una opinión, ni una experiencia, ni una idea. La verdad nunca se impone; la verdad fluye.


   ¡Íncipit!



Manual de desencanto para una vida digna 18.

  Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas. Precepto. Es necesaria y urgente la creación de un sistema nuevo, integral y superior de la consci...