Manual de desencanto para una vida digna 1.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
Precepto:
No hay que desgastarse en el esfuerzo de intentar que te entienda quien no quiere o no te puede entender.
El planteamiento nietzscheano es claro: Cuando Zaratustra tenía treinta años decidió abandonarlo todo para irse a vivir a la montaña y gozar de su soledad. Pero luego de diez años comprendió su sobreabundancia de sabiduría y decidió volver para compartirla.
¿Qué era lo que tenía Zaratustra para compartir con todos? ¿Cuál era el regalo que traía? La respuesta es: el Superhombre (Übermensch). ¿Qué es el Superhombre? Es la posibilidad de crearse a sí mismo, en formas cada vez mejores, nuevas y diferentes. La dignidad de lo humano consiste en la capacidad que este tiene de superarse en formas impensables. Nadie sabe lo que podríamos llegar a crear.
Pero, ¿cómo reaccionó la muchedumbre ante la presentación del Superhombre? La muchedumbre se burló de Zaratustra. Les pareció ridículo eso de que el hombre es algo que hay que superar, y que el Superhombre es “el sentido de la tierra”. ¿Cómo así? ¿Qué significa esa enigmática afirmación? Significa que todo lo que existe es un proceso continuo de transformación. No hay nada determinado. Todo se debe crear.
Ante la burla de los más, Zaratustra no se rindió y decidió presentar de nuevo (pero esta vez de una forma más accesible) su regalo: “El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el Superhombre”. Es evidente la intención del giro del primer al segundo discurso: Hacerse entender. Es importante hacerse entender, pero no a costa del sentido mismo. Pero Zaratustra era puro e ingenuo, por eso no renunció a la posibilidad de que la muchedumbre lo entendiera.
El resultado fue desastroso, por eso se lamentó: “Ahí están, y se ríen, no me entienden: no soy yo la boca para estos oídos”.
No obstante lo anterior, decidió volver a intentarlo. En esta ocasión presentó al “último hombre”. ¿Quién es el último hombre? Es la imposibilidad de toda transformación, evolución y creación. Es la anulación de toda posibilidad de apertura de la consciencia. El último hombre es el que inventa una falsa felicidad y se conforma con ella. El último hombre sólo quiere sobrevivir sin problemas y sobresaltos. Es la conformidad absoluta.
¿No estamos acaso próximos a la llegada de ese “último hombre”? ¿No estamos ante la emergencia de un continuo proceso de estupidización hedónica y autocomplaciente?
Eso es lo que los individuos quieren, por eso le respondieron así a Zaratustra: “¡Danos ese último hombre! ¡El Superhombre te lo regalamos!”. Por estas palabras Zaratustra se entristeció: “Y ahora me miran y se ríen: y mientras se ríen, continúan odiándome. Hay hielo en su reír”.
Siempre ha existido un conflicto y una tensión entre “los más” y “los menos”. ¿Hay sentidos que sólo pueden entender unos pocos? ¿Es una cuestión de capacidad? ¿O es un ejercicio de control social y político que se ejerce sobre “los más”, al impedirles el acceso libre al conocimiento? Muchos conocimientos que en la antigüedad eran el privilegio de una minoría, hoy están al libre alcance de todos por los avances tecnológicos. Pero, ¿libre alcance quiere decir comprensión profunda de ese conocimiento? El conocimiento es libre, pero la atención de los individuos está completamente controlada y enfocada en objetivos distintos al conocimiento. La atención del individuo desea entretenimiento de baja calidad, no conocimiento complejo.
Por eso Zaratustra lo intentó, pero fracasó rotundamente. Nadie quiere saber nada del Superhombre. Lo que los individuos quieren es sobrevivir y conformarse con su dosis de feliz estupidez diaria. Es en este punto en el que hay que aprender el arte de tomar distancia.
Y eso es lo que hace Zaratustra, después que todos se burlaron de él: Irse para siempre. Este es el inicio de un nuevo proceso: “Compañeros de viaje necesita Zaratustra. Pero compañeros vivos, que quieran superarse a sí mismos, y que quieran separarse del rebaño”. A partir de este punto, Zaratustra nunca más volverá a dirigirse a la muchedumbre, a partir de ahora sólo presentará sus discursos a los buscadores y a los creadores. Es a ellos, a los inquietos y rebeldes, a los que no se conforman con la vida que tienen, sino que la quieren transformar íntegramente, a quienes les mostrará: “El arco iris y todas las escaleras del Superhombre”.
Se requiere mucha fuerza y conocimiento de sí, para comprender y asumir el punto intenso en el que es necesario irse. Es necesaria mucha sabiduría para aprender a callar ante las palabras del necio; esas palabras que afirman que ya todo está determinado y definido, “que no hay nada nuevo bajo el sol”. ¡No! ¡La posibilidad de creación de sí y de lo real es infinita!
Ante una sociedad en la que se impone lo superficial y banal como estilo de vida, es urgente aprender a cultivar la soledad interna.
¡Íncipit!
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