Manual de desencanto para una vida digna 8.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
Precepto:
Debemos esforzarnos sin descanso en cultivar nuestra dignidad, que consiste en la consciencia de que somos únicos, diferentes e irrepetibles.
En el mundo contemporáneo se promueve la diversidad, pero en tanto esta haga posible la afirmación de procesos económicos globales. Lo curioso de este llamado constante a la diversidad, es que esconde un gradual y seguro proceso de control sobre las individualidades.
¿Pero cómo puede ser posible esto? El asunto es que lo múltiple, diverso y diferente hacen posible un aumento en los procesos de producción y consumo. ¿De qué forma? Si a todos los individuos les gustara lo mismo, sintieran lo mismo y pensaran lo mismo (o bueno, más o menos lo mismo), la pregunta es: ¿qué se les podría vender? La respuesta es obvia: se les podría vender más o menos lo mismo.
Por eso, la promoción de la diversidad, implica la posibilidad absoluta del aumento del consumo.
Pero quiero insistir en este punto: eso es hacia afuera, hacia adentro hay un riguroso proceso de control, que consiste en lo que podemos llamar el establecimiento de una consciencia idéntica.
Aquí podemos encontrar un punto importante: de lo que se trataría es de que el individuo impida que se le adhiera su consciencia a esa consciencia idéntica, y de que pueda iniciar un transgresor proceso de creación de una consciencia de sí.
Si lo anterior acontece, podemos afirmar con claridad que esa consciencia es única, diferente e irrepetible.
Pero la verdad es que lo anterior es muy difícil. No solo porque el proceso de control sobre el individuo es algorítmico (es decir: se controla al individuo desde dispositivos de inteligencia artificial muy avanzados, ante los que es muy poco lo que se puede hacer), sino porque realmente todavía no hay Individuos (pongámoslo así con “I” mayúscula). Lo que hay son individuos en potencia, ¿qué quiere decir esto? Que la individualidad es una posibilidad que se debe crear.
Pero también hay que dejar muy claro que esa posibilidad de la individualidad, no es una utopía. Dijimos que era muy difícil, pero no es imposible. Habría que hacer un riguroso estudio de todos los proyectos de individualidad, que hasta ahora se han planteado, para tener alguna claridad sobre lo que los fundamenta ¿Será un anhelo de perfección, sustentado en una profunda vulnerabilidad?
Por ahora, lo que podemos decir con Judith Butler, es que es posible y necesario un paso del sujeto al individuo.
¿Cuáles serían las características de esa individualidad, para que no se convierta en un nuevo fascismo? Queremos plantear sólo una: la dignidad.
Comprendemos la dignidad como la conciencia absoluta que tiene el individuo, que él es único, diferente e irrepetible. Pero esta dignidad no sólo hay que comprenderla, sino que hay que cultivarla con una fuerza de rebeldía y transgresión.
La dignidad va unida a la potencia infinita de creación de la existencia. Si pudiéramos definir: ¿qué es la existencia? Diríamos eso: potencia infinita de creación.
Pero, ¿por qué? Con Spinoza comprendemos que lo infinito es lo que no tiene un inicio y no tendrá un final, y que es aquello que puede autorrenovarse siempre. Lo anterior quiere decir, que no es posible la expresión que dos “modos de la existencia” sean idénticos. Todo lo que la existencia expresa tiene las tres características mencionadas. En eso consiste su dignidad.
Por eso, cuando se imponen identidades y proyectos de vida, desde el precepto de la diversidad, se está haciendo un acto de aniquilación de la dignidad del individuo.
Pero, ¿afirmar la dignidad, en estos tiempos de mísera uniformidad? Debemos realizar el esfuerzo superior de dignificar la potencia infinita de la existencia. Y que pase lo que tenga que pasar, que lo estaremos esperando.
¡Íncipit!
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