Manual de desencanto para una vida digna 4.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
Precepto:
El recogimiento interno es fundamental para la posibilidad de un conocimiento y una creación de sí.
¿Hay dos tipos de soledad? ¿Una soledad decadente y una afirmativa? Esto es muy importante comprenderlo y tenerlo claro, porque una de las características del mundo contemporáneo es la soledad en la que se encuentra el individuo, pero, al mismo tiempo, la necesidad de una soledad interna y auténtica que le permita la creación de un sentido de vida superior.
Hay una soledad decadente que consiste en el establecimiento de vínculos inadecuados. ¿Qué es un vínculo inadecuado? Es aquel que no inspira y no impulsa un mejoramiento de sí mismo. A estos vínculos inadecuados, el sociólogo Zygmunt Bauman los llama “relaciones de bolsillo”, porque, en efecto, son encuentros en el que se utiliza al otro para fines y propósitos particulares. El otro es solo un instrumento para lograr objetivos particulares. Y no nos referimos solo a objetivos económicos, sino, y en especial, al objetivo de “no querer estar solo”. La soledad es la verdadera pandemia del mundo actual.
Pero esta es una soledad decadente, porque el individuo está siempre en una evasión de sí mismo. El vínculo con el otro es solo un placebo existencial.
También hay una soledad afirmativa, que es lo que denominamos un “recogimiento interno”, que, siguiendo los preceptos del estoicismo antiguo que estudia Pierre Hadot, tiene dos características: un recogimiento interno es un riguroso y arduo proceso de auto-observación de sí mismo, y el diseño y creación de la atención en lo fundamental.
La auto-observación de sí, es un ejercicio filosófico en el que el individuo reconstruye el sistema integral de su sensibilidad y su pensamiento. No se trata de comprender lo que se siente y lo que se piensa, sino por qué se siente lo que se siente y por qué se piensa lo que se piensa. Esto implica comprender que en un primer momento el individuo no tiene control sobre su sensibilidad y pensamiento, sino que estos les son construidos desde el exterior.
Es por esto que el individuo primero fue sujeto. Como lo plantea Judith Butler, el “sujeto” es aquel que no se constituye a sí mismo, sino que lo hace una fuerza determinadora exterior. El individuo o la individualidad es posterior, y consiste en la posibilidad de la determinación de sí desde una consciencia interior.
La diferencia entre el sujeto y el individuo está en esa consciencia o soledad interior, que hace posible el recogimiento.
La segunda característica que este tiene es la atención. Estamos en una crisis de la atención, no porque el individuo esté distraído, sino porque su atención está enfocada en objetivos banales y superficiales, propios de la sociedad del espectáculo. Lo profundo e interesante de esta determinación de la atención, es que funciona como una “consciencia interior”, solo que, utilizando una afirmación de Nietzsche, es una “mala consciencia”.
¿Qué es una mala consciencia? Es un sentimiento de culpabilidad impotente, ante la imposibilidad de un mejoramiento de sí mismo. El individuo tiene consciencia de su propia impotencia, pero no hace nada para una transformación radical e integral de la misma.
Pero una atención en lo fundamental, es todo lo contrario: consiste en diseñar y crear la atención en aquello que hace posible una transformación radical y una creación de sí integral. Esa atención fundamental, sólo es posible en un recogimiento interno profundo.
Lo importante es que la atención no es tanto un ejercicio inmediato de la voluntad, sino que es un ejercicio vital del individuo, en la que dicha atención se va poco a poco diseñando y creando. Es por esto que la atención va unida inmanentemente al riguroso proceso de auto-observación. No es posible transformar algo que no se conoce en profundidad, y no es posible crear algo nuevo sin una consciencia de la propia singularidad.
Una soledad potente y afirmativa es aquella en la que el individuo se conoce, se transforma y se crea a sí. Todo lo demás es una huida de sí mismo, y una denigración de la propia individualidad.
¡Íncipit!
No hay comentarios:
Publicar un comentario